miércoles, 19 de agosto de 2009

Venezuela: Chavez ordena “freír y aplastar cabezas” de periodistas

Por Rafael del Naranco / Fuente: Hacer.org













En nuestra larga vida profesional – y ya hemos cruzado el epicentro de la misma hace tiempo, nunca pudimos observar tanta saña apiñada contra un grupo de periodistas como la salvajada de ayer.
Al no poder ya nadie escapar a la violencia sembrada sistemáticamente en los últimos años por el Jefe del Estado en sus arengas contra los medios de comunicación, doce trabajadores de la Cadena Capriles, pertenecientes a “Últimas Noticias”, “El Mundo de la Economía” y “Líder”, fueron salvajemente apaleados.
A esa misma infausta hora, camarógrafos y redactores de otros medios, e igualmente estudiantes, recibieron demontoneros organizados, bombas lacrimógenas, lluvia de piedras y variados elementos contundentes, bajo la pasividad de los cuerpos de seguridad de Estado, apéndices directos del gobierno socialista.
La confabulación fue hacia una sola trayectoria: quien esté con el Comandante –Presidente, todo; fuera de él, exclusión y gas del bueno. La revolución esta armada, y en Venezuela únicamente se respirará el aire proveniente de los aventadores que mecen al Supremo Líder.
Ahora se hablará de guarimba financiada con los dineros del imperio, la eterna y repetida cantaleta de un totalitarismo que ha perdido el norte y está tupiendo, con leyes sancionadas entre gallos y media noche, el círculo que habrá de introducir al país en un gueto ideológico de clara tendencia marxista.

Los periodistas agredidos estaban pertrechados en volantes de papel, y los estudiantes con sus manos al viento. Los voceros del oficialismo acusarán a lóbregasartimañas forasteras el manejo los hilos de las protestas,como si los venezolanos, opuestos en mayoría colosal al absolutismo dominante, no tuvieran suficiente guáramo y dignidad para defender la democracia sin ayuda de resonancias ajenas.

Sin el lenguaje violento expandido desde el Patio del pez que escupe agua, nada de esto sucedería en tan colosales proporciones, pero cuando reiteradamente se pide “freír y aplastar cabezas” del contrincante político, las consecuencias espeluznantes de ayer son colofón directo de ese discurso abarrotado de odio.

Siempre es fácil matar al mensajero. El reportero o la reportera sólo llevan, tan liviano como un suspiro, bolígrafo, papel, grabador o cámara. Y ahí se alza, en medio de la trifulca, exponiendo la vida por una misión muy por encima de sus propias fuerzas de hombre o mujer común, aunque no lo sea, pues al final tienela irresponsabilidad de un loco, la templanza de un cuerdo, la valentía del deber por encima del propio miedo, y esa ingenuidad de creer que vale la pena jugarse la existencia por algo tan poco definido como el derecho a informar.
Y todo, a cuenta de agitarse en la sangre una efusión incontrolada deseosa de indagar la verdad, aún a sabiendas de ser siempre ella la primera víctima de los bárbaros de la intolerancia.