lunes, 11 de mayo de 2009

Los grandes paradigmas de la pobreza

Por: Marissa Krienert / Fuente: www.fundacionlibertad.org.pa

La Pobreza no es un paradigma. No es un argumento de novela que ha eternizado a Dickens ni a la madre Teresa. La pobreza es real. Desafortunadamente, la lucha contra la pobreza se libra en muchos casos con premisas y soluciones irreales que emanan casi siempre sobre falsos conceptos o falso paradigmas a cerca de la propia pobreza y de sus mitigantes. Si hay un paradigma que debemos erradicar, es aquel de que la Pobreza es el resultado de una matriz de suma cero, donde la Riqueza es finita y lo que gana uno lo pierde el otro. Así, es pavorosamente común escuchar que los pobres son más pobres en la medida que los ricos son más ricos. En realidad, la riqueza no es finita. Si lo fuera, la riqueza del mundo fuera constante porque si lo ganan unos lo pierden otros, y como las cuentas nacionales no son sino la suma de las actividades de los individuos en cada país, la riqueza nacional y mundial sería constante. Pero cuando vemos las estadísticas mundiales, la riqueza en el mundo ha aumentado y sigue aumentando, y no por inflación. La riqueza está en función de las oportunidades que se generen y estas a la vez de la capacidad de la gente y las naciones de potenciarlas y crecerlas. Punto.Lo que es indecentemente cierto es que existen grandes disparidades entre pobres y ricos. Pero nuevamente aquí se repite una especie de ley de hierro de pobres más pobres y de ricos más ricos. En realidad, la mala distribución de la riqueza es la consecuencia de la mala distribución de oportunidades; si solo algunos acceden a las fuentes de riqueza solo esos serán ricos. También es cierto que la mayor parte de la asimetría en el acceso a oportunidades lo producen las políticas públicas; algunas porque imponen barreras que el pobre no puede acceder como permisos y papeles, otras porque no crean un marco institucional que aplanen los obstáculos y fomenten elementos que ayuden a cristalizar las oportunidades como el crédito y la asistencia.Estas fallas de comisión y de omisión, pareciera que se dividen así por el signo ideológico de los gobiernos que los promueven. Los mal llamados gobiernos de derecha o mal llamados, pro empresa, no son sino regímenes mercantilistas, que promueven medidas excluyentes como barreras a la inversión, altos aranceles, requisitos elevados para acceder a las oportunidades. En su expresión más radical, buscan crear privilegios para una clase económica, que a la vez apuntala la clase política que crea y salvaguarda estos privilegios.En el otro extremo están los regímenes que acusan el primer modelo e incluso llegan al poder por sus promesas de redención. Rápidamente (si son honestos) logran desmantelar la sociedad de privilegios y de allí caen en el populismo, donde montan un estado asistencial pero donde el Estado nuevamente administra las oportunidades (y las libertades de la gente). Pero allí también yace, en otro falso paradigma, buena parte de la tragedia de los pobres; que la asistencia directa estatal es capaz de resolver el problema. Si de veras el Estado fuera creador de riqueza, el Comunismo y el Socialismo (el de antes y el de ahora) no hubiesen fracasado. Todos los programas que se centran en un modelo de apoyo de arriba para abajo fracasan y seguirán fracasando.Aquí somos estudiosos de la pobreza pero no nos despegamos de los paradigmas. Invertimos sumas importantes en programas llamados de “combate” de la pobreza, con resultados muy debatibles precisamente porque se enfocan en el alivio y no en el remedio. Aunque suene estúpido, la pobreza se combate creando riqueza. Así el verdadero objetivo y orientación de estos programas deber ser la promoción la riqueza. Para ello entonces es clave propiciar y fortalecer, a ese nivel, las instituciones que han permitido la generación de riqueza en el mundo desarrollado como los derechos de propiedad, justicia rápida y expedita y apertura. Hace tres siglos David Hume lo resumió así; “Donde la posesión no tiene estabilidad habrá siempre conflictos, donde la Propiedad no se transfiere por el consentimiento nunca habrá comercio. Donde las promesas no se cumplen no habrá ligas ni alianzas”. O sea, busquemos las fórmulas para que a través de los mecanismos de mercado, podamos exitosamente mover los más pobres a un ámbito de oportunidades accesibles.Con el ánimo de contribuir a la generación de este tipo de soluciones, la Fundación Libertad ha patrocinado la publicación “Política y Pobreza. Cómo integrar a los pobres a la economía de mercados” del destacado abogado Ovidio Díaz-Espino.Con la obra “Política y Pobreza. Cómo integrar a los pobres a la economía de mercados”, la Fundación Libertad estrena un proyecto de publicación de ensayos sobre temas públicos y de mercado a los que pretende dar debate público y discusión a través de los medios de la Fundación, para enriquecer las opciones ciudadanas y promover la adopción de políticas efectivas. El ensayo está disponible en nuestra página web www.fundacionlibertad.org.paOvidio Díaz-Espino ha hecho un gran trabajo analizando y proponiendo mecanismos y políticas, algunos novedosos, para romper la ley de hierro de las oportunidades y la pobreza. El trabajo, aparte de prolijo, es un esfuerzo ordenado y lógico que debe inspirar las políticas públicas futuras. Nos sentimos orgullosos de lanzarla y de promoverla.