lunes, 11 de mayo de 2009

De venas, propaganda y resentimiento en América Latina

Por: Celso Sarduy Agüero / Fuente: liberpress

Quizá el suceso más publicitado de la recién concluida Cumbre de las Américas fue el momento en que Hugo Chávez le regaló al presidente estadounidense Barak Husein Obama un ejemplar del libro “Las venas abiertas de América Latina” del escritor uruguayo Eduardo Galeano.No es la primera vez que Chávez utiliza una triquiñuela semejante para publicitar a alguno de los garúes del resentimiento sistemático, antes lo hizo con Noam Chomsky, uno de los más conspicuos envenenadores de mentes y enemigo de la libertad de los últimos años.De inmediato el libelo de Galeano saltó del lugar setenta mil al segundo puesto en las listas de ventas de Amazon.com y seguramente se deben estar preparando ediciones multitudinarias de urgencia, que era el propósito oculto de Chávez, astucia no le falta.Este libro publicado en 1971 se convirtió de inmediato en el catecismo universal de todo buen resentido nacido en estas tierras. Su tesis central: atribuir el origen de todos nuestros males y los por venir, a la maldad foránea. Surge así un hilo conductor que nace en el dominio español, pasa por los ingleses y termina, -como no podía ser de otra forma- en el gran “Satán universal” de las últimas décadas: Los Estados Unidos de América. La argumentación llega a su clímax, como en un instante de iluminación, en la revelación de la raíz de todas las penurias que padecieron y padece nuestra región pero además nos entrega generosamente la solución con la varita mágica del colectivismo marxista y su paradigma en la zona: la dictadura castrista.Munidas de este recetario mágico y de otros no menos famosos, las muchachadas adineradas de las décadas del setenta y ochenta del pasado siglo pretendieron poner patas arriba el mundo con métodos tan diversos como el foco guerrillero, la barricada estudiantil o la huelga general; qué más daba!... el “futuro luminoso” validaba todo.Al promediar los años ochenta llegó la crisis de la deuda externa, con su secuela de involución económica y su aparente golpe de gracia al populismo. Este cuadro de situación preparó el terreno para la oleada de privatizaciones y racionalidad económica que trajo la década del noventa y que la izquierda le colgó el “sanbenito” de “neoliberalismo”.El cambio de paradigma en la región relegó temporalmente al libelo de marras y sus pares de la teoría de la dependencia, la teología de la liberación y otros; en su lugar se escucharon otros términos como competitividad, ventajas comparativas, economía global etc. América Latina parecía despertar de su largo letargo y andar el camino del progreso.Con la victoria de Hugo Chávez en 1999 y su imparable proyecto hegemónico-totalitario que incorpora cada vez más gobiernos títeres en toda la región, sumada a la actual crisis económica que golpea a los Estados Unidos y al resto de las democracias occidentales, se han renovado las esperanzas y creencias en que llegó la hora de concretar los sueños más acariciados del “idiota latinoamericano”. Este personaje ha sido caracterizado y analizado en dos libros: “Manual del perfecto idiota latinoamericano” y El regreso del idiota”, ambos de los autores: Carlos Alberto Montaner, Alvaro Vargas Llosa y Plinio Apuleyo Mendoza. Junto a los viejos fantasmas del pasado han sido desempolvados sus libros de cabecera, ahora son multitud en los anaqueles de todas las librerías, por supuesto en los lugares más visibles (no se puede negar que la izquierda totalitaria sabe venderse).Veamos qué ocurre del otro lado del espectro ideológico, puede intentarlo cualquiera, por ejemplo intente encontrar en una librería “El libro negro del Comunismo”, “La acción humana” de Ludwig Von Mises o “Del buen salvaje al buen revolucionario” del venezolano Carlos Rangel o algún título de Jean Francois Revel. Generalmente están agotados y no son reeditados; si tiene mucha suerte podrá encargarlos al exterior.Otro tanto sucede con el cine, las películas y personalidades tienen un nivel de difusión internacional proporcional a su aceptación o rechazo del paradigma ideológico de la izquierda cultural dominante. A modo de anécdota les cuento que me tocó sufrir los gritos desaforados de Michel Moore en su panfleto Fahrenheit 911 desde las pantallas de un ómnibus de larga distancia argentino. ¿Es esta una película adecuada para ver en un viaje turístico?, sin duda que no.La izquierda totalitaria domina ampliamente todas las vías de comunicación, ha impuesto su interpretación liberticida de la realidad y se autoproclama dueña de la ética universal. Ahora ellos son los democráticos, mientras descalifican a todo el que no piensa igual de reaccionarios, antidemocráticos y un largo etc.Mientras, los supuestos defensores de la libertad individual y de la economía de mercado continúan abroquelados en sectas economicistas alejados de la realidad cotidiana del común de los mortales y sin abrevar en los valores y saberes fundacionales de la cultura de la libertad que ha hecho grande a occidente. Así las cosas, continúan nuestros conciudadanos siendo presa fácil de los “intelectuales orgánicos” y de las manipulaciones maniqueas de adoctrinadores como Eduardo Galeano.