lunes, 11 de mayo de 2009

¿Debe levantarse el embargo a Cuba?

Por: Alvaro Vargas Llosa / Fuente: Fundación Atlas 1853

Washington, DC—La mayoría de los estadounidenses parece rechazar el embargo comercial contra Cuba. Según un sondeo del Washington Post/ABC, el 57 por ciento de los norteamericanos se opone. Una encuesta de Bendixen & Associates muestra que sólo el 42 por ciento de los cubano-americanos lo sigue respaldando.
Esta cuestión me desgarró, intelectualmente hablando, durante años. Hasta hace poco, estaba a favor del embargo. Como partidario del libre comercio, sabía que era intolerable la restricción a la libertad de las personas de comerciar con quien les plazca, pero me decía a mí mismo que, con el fin de las sanciones, el capitalismo estadounidense preservaría a un régimen que había asesinado, encarcelado, enviado al exilio o amordazado a incontables personas durante décadas. Cualquier transacción con Cuba beneficiaría al gobierno. Después de todo, sus jefazos ya birlaban el 20 por ciento de las remesas de los cubano-americanos y el 90 por ciento del salario que los inversores extranjeros les pagan a los cubanos.
Pero, al cabo de los años, acepté que mi posición entrañaba una inconsistencia intolerable. Ninguna democracia liberal debe decirles a sus ciudadanos qué país visitar o con quién comerciar sea cual sea su gobierno. Aún cuando los hermanos Castro obtendrían con su levantamiento una victoria política en el muy corto plazo, siento que no puedo seguir justificando el embargo.
Este no es, por cierto, el razonamiento que hacen por estos días los críticos más vocingleros de las sanciones comerciales norteamericanas. Muchos de ellos omiten mencionar siquiera lo fraudulento de un sistema que basa su legitimidad en el odio al capitalismo y al mismo tiempo implora que el capitalismo acuda en su ayuda. Incurren también en una desopilante hipocresía quienes condenan el embargo y no denuncian a la oligarquía de los Castro, que desde hace medio siglo tiraniza a los habitantes de la isla.
Otro risible subterfugio atribuye esa catástrofe que es la economía cubana a la decisión de Washington de suprimir las relaciones económicas en 1962 tras una ola de expropiaciones contra intereses estadounidenses. Los amnésicos olvidan –qué conveniente— que en 1958 las condiciones socioeconómicas de Cuba eran similares a las de España y Portugal, y que el nivel de vida de sus ciudadanos se situaba apenas por detrás del de los argentinos y uruguayos en América Latina. Muchos de los críticos también padecen de lo que el escritor francés Jean-Francois Revel llamaba “hemiplejia moral”: una tendencia a ver los defectos de un solo lado: jamás oí a los defensores de Cuba quejarse de las sanciones contra las dictaduras de derechas.
A veces las sanciones funcionan, a veces no. Un trabajo de Gary Hufbauer, Jeffrey Schott, Kimberly Elliot y Barbara Oegg titulado “Economic Sanctions Reconsidered” analiza docenas de casos desde la Primera Guerra Mundial. En un tercio de los casos, las sanciones funcionaron ya sea porque ayudaron a derribar al régimen (Sudáfrica) o porque lo obligaron a efectuar concesiones importantes (Libia). El arzobispo Desmond Tutu me dijo hace unos meses en San Francisco que estaba convencido de que las sanciones internacionales —que, a diferencia del embargo estadounidense contra Cuba, estuvieron respaldadas por la mayoría de las potencias capitalistas— fue un factor crucial en la derrota del “apartheid” en su país. En los casos en los que el embargo funcionó, las sanciones fueron aplicadas por varios países y los regímenes afectados se encontraban severamente desacreditados o debilitados.
En los casos en los que las sanciones no funcionaron —Sadam Hussein entre 1990 y 2003, y Corea del norte en la actualidad—, las dictaduras fueron capaces de protegerse de sus efectos y concentrarlos en la población. En algunos países, un cierto sentido de orgullo ayudó a defender al gobierno contra las sanciones extranjeras. Por eso, las medidas aplicadas por la Unión Soviética contra Yugoslavia en 1948, China en 1960 y Albania en 1961 fueron casi inútiles.
En el caso de Cuba, el régimen de Castro fue capaz de generar un sentimiento nacionalista contra el embargo estadounidense. Y, lo que es más importante, logró contrarrestar muchos de los efectos del embargo a través de los años debido a que los soviéticos subvencionaron a la isla durante tres décadas. Tras el colapso del Muro de Berlín, el régimen dio la bienvenida al capital canadiense, mexicano y europeo, y, ahora, Venezuela hace las veces de patrón.
Pero estos argumentos contra del embargo estadounidense son en su mayoría prácticos. El argumento contra las sanciones, para mí, es sólo moral. No es aceptable que un gobierno suprima la elección individual en asuntos de viaje o comercio. El único embargo económico aceptable ocurre cuando los ciudadanos, no los gobiernos, deciden no hacer negocios con una dictadura, sea la de Myanmar, Zimbabue o Cuba.

Chávez¿va ganando en América Latina?

Por Carlos Alberto Montaner /Fuente: www.firmaspress.com



¿Está ganando Hugo Chávez la batalla política en América Latina? No lo creo. Veamos los hechos




Rafael Correa, como se sabe, triunfó en Ecuador con algo más del 51% de los votos. No está nada mal. No obstante, la oposición, sumada, no se aleja demasiado de la mitad del censo electoral. Otro dato: la hermana de Correa perdió en la lucha por la gobernación de Guayas y Jaime Nebot arrasó en Guayaquil con una imagen francamente anticorreísta. Todo un síntoma de la división que afecta al país. No hay duda de que una parte sustancial de los ecuatorianos respalda con entusiasmo al joven mandatario, pero no es una abrumadora mayoría y, en general, sus partidarios constituyen la mitad menos educada y económicamente más débil del país.
Poco antes de ese episodio, Mauricio Funes, un candidato independiente al frente de un partido comunista, había vencido en El Salvador con una proporción parecida de votos: menos del 52% de los sufragios. El candidato de la derecha obtuvo el 48%. Como en el caso de Ecuador, los sectores sociales A, B y C prefirieron al candidato conservador. Los sectores D y E al de la izquierda. Funes, que hasta ahora parece un hombre prudente, se dio cuenta de lo precario de su victoria y lanzó un mensaje conciliador. Tal vez no se deje arrastrar al reñidero del venezolano.
Sigamos. Según las encuestas más solventes, en las elecciones del 3 de mayo ganará en Panamá el candidato Ricardo Martinelli, un empresario muy exitoso que exhibe como su principal credencial la creación de supermercados populares y de numerosos puestos de trabajo. En Panamá, sencillamente, no ha calado la campaña antidemocrática de la izquierda chavista y, si se confirma la derrota de la ingeniera Balbina Herrera, es porque sus compatriotas asocian su nombre a la narcodictadura de Noriega y al guirigay del socialismo del siglo XXI. No quieren saber de eso.
En las próximas elecciones chilenas de diciembre ocurrirá algo parecido. Hay dos candidatos con posibilidades de triunfar: Sebastián Piñera, un riquísimo y dinámico empresario de derecha, y el ex presidente Eduardo Frei, un democristiano de centroderecha, también ideológicamente situado en las antípodas del chavismo. Cualquiera de los dos que salga triunfador estará en la acera opuesta al socialismo del siglo XXI.
Un mes antes de los comicios chilenos, en noviembre, los uruguayos pasarán por las urnas para elegir gobernante en segunda vuelta. Hoy parece probable que la contienda será entre el ex presidente Luis Alberto Lacalle, un enérgico candidato de corte liberal del Partido Nacional que ya ocupó la primera magistratura del país y lo hizo muy bien, y el ex tupamaro José Mujica, un hombre de la izquierda, muy popular pese a un pasado violento que no excluye el asesinato. A estas alturas es imposible predecir los resultados, mas no hay duda de que Lacalle tiene una gran oportunidad de triunfar, en la medida en que al final de la contienda se presentará la elección como una alternativa entre la experiencia sin sobresaltos y la aventura azarosa. Las elecciones brasileras no llegarán hasta octubre del 2010, pero, si se mantiene la actual tendencia electoral, Dilma Rouseff, la candidata del Partido del Trabajo fervorosamente avalada por Lula da Silva, sería pulverizada en las urnas por José Serra, ex gobernador de Sao Paulo, un político de centroderecha afiliado al Partido Socialdemócrata, quien gobernaría en coalición con el Partido Liberal, como hizo en su momento su correligionario Fernando Henrique Cardoso, artífice de la estrategia económica de moderación que heredó Lula da Silva y que felizmente no ha traicionado.
La familia chavista, pues, por ahora queda reducida a un núcleo duro de países pobres y conflictivos (Venezuela-Cuba-Bolivia-Ecuador-Nicaragua), y a un entorno blando al que se asoma, tímidamente, el presidente Fernando Lugo de Paraguay, muy desprestigiado tras el escándalo de los hijos ilegítimos que han salido a la luz pública; el hondureño Manuel Zelaya, una figura débil y contradictoria que ni siquiera tiene el respaldo de su propio partido; y el guatemalteco Alvaro Colom, con un altísimo nivel de rechazo en un país que lo acusa de no saber cómo gobernar y mucho menos cómo frenar la violencia que estremece a la sociedad.
Chávez no está ganando. Por el contrario, ahora, en medio de la crisis económica, veremos cómo declina su influencia y se agudizan las contradicciones dentro de su magro espacio ideológico. Tomará tiempo y no será fácil, pero ese minucioso disparate está condenado a desaparecer.

La cortina se mudó de continente

Por: Hugo Vera Ojeda/ Fuente: elcato.org


Cuando Churchill vaticinó que una cortina de hierro caeria sobre Europa, pocos le habían creído y hablaban de exageración por parte del siempre polémico ex premier britanico. Solo cuando el comunismo ya se había enraizado y pauperizado la región, no sin antes cobrarse millones de vidas, la gente tuvo que reconocer la advertencia de Churchill. Increíblemente y pese a que se creía que jamás se volvería sobre tales prácticas, pues solo trajo desolación y muerte, ese sistema simplemente buscó otro lugar donde incubar y lo encontró.
Al igual que cuando cayó el absolutismo en Europa y se trasladó a América Latina con el nombre de “Caudillismo”. El Comunismo, tras su caída en Europa se está instalando lentamente en América latina, bajo el nombre de “Socialismo del Siglo XXI”. Por increíble que parezca, siempre nos arreglamos para traer todo lo que ha fracasado en Europa.
Este proyecto que comenzó a tomar raíces hace 10 años con un antojadizo populista como Hugo Chávez, que al igual que Goebbels jamás creyó en el Nazismo, este tampoco ni siquiera cree en el socialismo. Incluso al comienzo hablaba como un ferviente defensor del libre mercado. Hoy es el principal eje sobre el cual gira esta nueva amenaza que se extiende como una sombra sobre América Latina y no por lo convincente del sistema precisamente, sino más bien por el abultado presupuesto de petrodólares que acompaña a las recetas que envía a otros países. Esta receta es idéntica en todos lados y poco a poco va retrasando toda la economía, al menos en los que ya ha logrado instalarse como agenda y del cual uno se da cuenta, no solo por las palabras del gobernante de turno, sino por sus actos, como:

-Instalar consultas populares por encima dela Constitución y asegurarse el poder definitivo.
-Regulación dela prensa como primer paso y luego censura.
-Creación de medios de prensa Estatales y ejercer monopolios de información “con la denominación de clasificada”.
-Presupuesto inflado de asistencialismo.
-Fomentar el levantamiento étnico y promocionarla lucha de razas.
-Repetir como verdades históricas la supuesta perfección del sistema social indígena anterior al Capitalismo “como la armonía de los nativos con la naturaleza. Ecuador incluso ya lo ha puesto en su Constitución con el sumak kawsai.
-Nacionalización de empresas.
-Persecución a los llamados oligarcas sin discriminar las causas de su riqueza.
-Invasión de propiedades entre otros.

Cuba no pertenece a un club democrático

Por Mary Anastasia O'Grady / Fuente: elcato.org

La Organización de Estados Americanos asegura ser "el principal foro multilateral de la región para el fortalecimiento de la democracia, la promoción de los derechos humanos y la lucha contra problemas compartidos como la pobreza, el terrorismo, las drogas y la corrupción".
Ahora, el Secretario General de la OEA, José Miguel Insulza, quiere que el grupo sume otro objetivo a la lista: legitimar la dictadura cubana aceptando a la isla en la organización.
Cómo tiene intención de hacerlo y por qué es algo de lo que hablaré en un momento. Pero primero, recordemos cómo Cuba fue expulsada de la OEA. Contrariamente a lo que dice Insulza, Cuba no ha cambiado desde su expulsión en 1962, y renovar su membresía ahora minará la credibilidad de la OEA. También será un golpe en el estómago para los disidentes de la isla que, según el Consejo de Relatores de Derechos Humanos en Cuba, están siendo agredidos a diario por los secuaces de Raúl Castro.
Los disidentes tampoco podrían estar descontentos con la noticia de que el gobierno de Barack Obama ha estado manteniendo reuniones con el régimen para ver si éste puede, según un funcionario citado por The New York Times, mantener "una relación seria, civilizada y abierta" con los propietarios de las plantaciones esclavistas de Cuba. Aún así, Tom Shannon, subsecretario del Departamento de Estado para el Hemisferio Occidental sugiere que, al menos en la OEA, Estados Unidos tiene planeado apoyar al sufrido pueblo cubano. "Permitir que Cuba no se ciña a los estándares de democracia y derechos humanos sería malo para la OEA y malo para Cuba", dice.
Desde su fundación en 1948, la OEA ha profesado la creencia de que la "misión histórica de América es ofrecer al hombre una tierra de libertad y un ámbito favorable para el desarrollo de su personalidad y la realización de sus justas aspiraciones".
El régimen cubano se ha enfrentado a estos ideales y en enero de 1962 la OEA lo expulsó, declarando que "la adherencia de cualquier miembro de la Organización de Estados Americanos al Marxismo-Leninismo es incompatible con el sistema Interamericano y el alineamiento de este tipo de gobierno con el bloque comunista quebranta la unidad y la solidaridad del hemisferio".
En otras palabras, debido a que el gobierno de Castro ha asesinado y encarcelado a disidentes, eliminado las elecciones libres y las libertades civiles y económicas, y se ha aliado con el comunismo, Cuba fue considerada no apta para ser miembro de la OEA.
El 11 de septiembre de 2001, la OEA fortaleció su compromiso con la democracia y las elecciones libres adoptando la Carta Democrática Interamericana.Todos los miembros de la OEA firmaron la carta, señalando que la libertad política y, en menor medida, la libertad económica podrían finalmente estar echando raíces en la región. Pero Cuba todavía apoyaba la violencia y el terror en la región. Aún peor, uno de los discípulos de Fidel Castro, Hugo Chávez, había ganado las elecciones presidenciales en Venezuela y estaba militarizando el gobierno. En los próximos siete años, desmantelaría poco a poco los derechos económicos y civiles, y usaría su riqueza petrolera para propagar la revolución bolivariana en Latinoamérica.
También ha comprado alianzas en la OEA. Hoy por hoy, es Chávez, junto con el presidente de Brazil, Lula da Silva, otro aliado de Fidel, quienes llevan la batuta en la OEA, no Insulza (aunque como socialista chileno, sin duda es receptivo a sus ideas). Lo que los fidelistas quieren es legitimidad internacional para Cuba. "El primer paso", como Insulza ha llamado a su propuesta, es revocar la resolución de 1962. Luego, me dijo por teléfono la semana pasada, "los países" pueden decidir si permitir de nuevo el ingreso de la dictadura a la OEA.
¿Su razonamiento? La resolución de 1962 "ya no es válida", le dijo a la Americas Society durante una entrevista la semana pasada. "Y no condena a Cuba por no ser democrática. La condena por ser un miembro de un eje sino-soviético y dice que el eje es agresivo en contra de Estados Unidos. Pero eso ya no existe...es una locura. Es una reliquia de la Guerra Fría que se olvidó en una esquina, y debemos deshacernos de ella".
Estas declaraciones vulneran tanto la carta como el espíritu de la resolución hasta tal punto que es difícil interpretarlas como otra cosa que no sea un guiño al dictador y sus amigos.
Sí, la Guerra Fría ha concluido. Pero el ejército cubano hoy en día tiene lazos bilaterales cercanos con Corea del Norte e Irán, dos puntos en un nuevo eje del mal que amenaza la paz y la estabilidad mundial. Cuba también es un refugio y centro de servicios médicos para la guerrilla colombiana. Además, el régimen todavía profesa su lealtad a la ideología marxista-leninista, que se opone abiertamente a la libertad humana.
Shannon dice que la Carta Democrática fue un logro por el que se había luchado mucho, y que sería un gran error para la OEA abandonarlo. Pero Insulza parece tener otra interpretación. Me dijo que le gustaría que todos los países fueran democracias. Pero cuando le pregunté cómo una dictadura militar podría cumplir con la Carta, me dijo que la Carta es una resolución de la asamblea general, pero que no es necesario que la firmen todos los países. Uno se pregunta qué otras dictaduras en la historia de Latinoamérica habría apoyado el secretario general.
Este artículo fue publicado originalmente en The Wall Street Journal (EE.UU.) el 11 de mayo de 2009.
Este artículo ha sido reproducido con el permiso del
Wall Street Journal © 2009Dow Jones & Company, Inc.Todos los derechos reservados.

De venas, propaganda y resentimiento en América Latina

Por: Celso Sarduy Agüero / Fuente: liberpress

Quizá el suceso más publicitado de la recién concluida Cumbre de las Américas fue el momento en que Hugo Chávez le regaló al presidente estadounidense Barak Husein Obama un ejemplar del libro “Las venas abiertas de América Latina” del escritor uruguayo Eduardo Galeano.No es la primera vez que Chávez utiliza una triquiñuela semejante para publicitar a alguno de los garúes del resentimiento sistemático, antes lo hizo con Noam Chomsky, uno de los más conspicuos envenenadores de mentes y enemigo de la libertad de los últimos años.De inmediato el libelo de Galeano saltó del lugar setenta mil al segundo puesto en las listas de ventas de Amazon.com y seguramente se deben estar preparando ediciones multitudinarias de urgencia, que era el propósito oculto de Chávez, astucia no le falta.Este libro publicado en 1971 se convirtió de inmediato en el catecismo universal de todo buen resentido nacido en estas tierras. Su tesis central: atribuir el origen de todos nuestros males y los por venir, a la maldad foránea. Surge así un hilo conductor que nace en el dominio español, pasa por los ingleses y termina, -como no podía ser de otra forma- en el gran “Satán universal” de las últimas décadas: Los Estados Unidos de América. La argumentación llega a su clímax, como en un instante de iluminación, en la revelación de la raíz de todas las penurias que padecieron y padece nuestra región pero además nos entrega generosamente la solución con la varita mágica del colectivismo marxista y su paradigma en la zona: la dictadura castrista.Munidas de este recetario mágico y de otros no menos famosos, las muchachadas adineradas de las décadas del setenta y ochenta del pasado siglo pretendieron poner patas arriba el mundo con métodos tan diversos como el foco guerrillero, la barricada estudiantil o la huelga general; qué más daba!... el “futuro luminoso” validaba todo.Al promediar los años ochenta llegó la crisis de la deuda externa, con su secuela de involución económica y su aparente golpe de gracia al populismo. Este cuadro de situación preparó el terreno para la oleada de privatizaciones y racionalidad económica que trajo la década del noventa y que la izquierda le colgó el “sanbenito” de “neoliberalismo”.El cambio de paradigma en la región relegó temporalmente al libelo de marras y sus pares de la teoría de la dependencia, la teología de la liberación y otros; en su lugar se escucharon otros términos como competitividad, ventajas comparativas, economía global etc. América Latina parecía despertar de su largo letargo y andar el camino del progreso.Con la victoria de Hugo Chávez en 1999 y su imparable proyecto hegemónico-totalitario que incorpora cada vez más gobiernos títeres en toda la región, sumada a la actual crisis económica que golpea a los Estados Unidos y al resto de las democracias occidentales, se han renovado las esperanzas y creencias en que llegó la hora de concretar los sueños más acariciados del “idiota latinoamericano”. Este personaje ha sido caracterizado y analizado en dos libros: “Manual del perfecto idiota latinoamericano” y El regreso del idiota”, ambos de los autores: Carlos Alberto Montaner, Alvaro Vargas Llosa y Plinio Apuleyo Mendoza. Junto a los viejos fantasmas del pasado han sido desempolvados sus libros de cabecera, ahora son multitud en los anaqueles de todas las librerías, por supuesto en los lugares más visibles (no se puede negar que la izquierda totalitaria sabe venderse).Veamos qué ocurre del otro lado del espectro ideológico, puede intentarlo cualquiera, por ejemplo intente encontrar en una librería “El libro negro del Comunismo”, “La acción humana” de Ludwig Von Mises o “Del buen salvaje al buen revolucionario” del venezolano Carlos Rangel o algún título de Jean Francois Revel. Generalmente están agotados y no son reeditados; si tiene mucha suerte podrá encargarlos al exterior.Otro tanto sucede con el cine, las películas y personalidades tienen un nivel de difusión internacional proporcional a su aceptación o rechazo del paradigma ideológico de la izquierda cultural dominante. A modo de anécdota les cuento que me tocó sufrir los gritos desaforados de Michel Moore en su panfleto Fahrenheit 911 desde las pantallas de un ómnibus de larga distancia argentino. ¿Es esta una película adecuada para ver en un viaje turístico?, sin duda que no.La izquierda totalitaria domina ampliamente todas las vías de comunicación, ha impuesto su interpretación liberticida de la realidad y se autoproclama dueña de la ética universal. Ahora ellos son los democráticos, mientras descalifican a todo el que no piensa igual de reaccionarios, antidemocráticos y un largo etc.Mientras, los supuestos defensores de la libertad individual y de la economía de mercado continúan abroquelados en sectas economicistas alejados de la realidad cotidiana del común de los mortales y sin abrevar en los valores y saberes fundacionales de la cultura de la libertad que ha hecho grande a occidente. Así las cosas, continúan nuestros conciudadanos siendo presa fácil de los “intelectuales orgánicos” y de las manipulaciones maniqueas de adoctrinadores como Eduardo Galeano.

Los grandes paradigmas de la pobreza

Por: Marissa Krienert / Fuente: www.fundacionlibertad.org.pa

La Pobreza no es un paradigma. No es un argumento de novela que ha eternizado a Dickens ni a la madre Teresa. La pobreza es real. Desafortunadamente, la lucha contra la pobreza se libra en muchos casos con premisas y soluciones irreales que emanan casi siempre sobre falsos conceptos o falso paradigmas a cerca de la propia pobreza y de sus mitigantes. Si hay un paradigma que debemos erradicar, es aquel de que la Pobreza es el resultado de una matriz de suma cero, donde la Riqueza es finita y lo que gana uno lo pierde el otro. Así, es pavorosamente común escuchar que los pobres son más pobres en la medida que los ricos son más ricos. En realidad, la riqueza no es finita. Si lo fuera, la riqueza del mundo fuera constante porque si lo ganan unos lo pierden otros, y como las cuentas nacionales no son sino la suma de las actividades de los individuos en cada país, la riqueza nacional y mundial sería constante. Pero cuando vemos las estadísticas mundiales, la riqueza en el mundo ha aumentado y sigue aumentando, y no por inflación. La riqueza está en función de las oportunidades que se generen y estas a la vez de la capacidad de la gente y las naciones de potenciarlas y crecerlas. Punto.Lo que es indecentemente cierto es que existen grandes disparidades entre pobres y ricos. Pero nuevamente aquí se repite una especie de ley de hierro de pobres más pobres y de ricos más ricos. En realidad, la mala distribución de la riqueza es la consecuencia de la mala distribución de oportunidades; si solo algunos acceden a las fuentes de riqueza solo esos serán ricos. También es cierto que la mayor parte de la asimetría en el acceso a oportunidades lo producen las políticas públicas; algunas porque imponen barreras que el pobre no puede acceder como permisos y papeles, otras porque no crean un marco institucional que aplanen los obstáculos y fomenten elementos que ayuden a cristalizar las oportunidades como el crédito y la asistencia.Estas fallas de comisión y de omisión, pareciera que se dividen así por el signo ideológico de los gobiernos que los promueven. Los mal llamados gobiernos de derecha o mal llamados, pro empresa, no son sino regímenes mercantilistas, que promueven medidas excluyentes como barreras a la inversión, altos aranceles, requisitos elevados para acceder a las oportunidades. En su expresión más radical, buscan crear privilegios para una clase económica, que a la vez apuntala la clase política que crea y salvaguarda estos privilegios.En el otro extremo están los regímenes que acusan el primer modelo e incluso llegan al poder por sus promesas de redención. Rápidamente (si son honestos) logran desmantelar la sociedad de privilegios y de allí caen en el populismo, donde montan un estado asistencial pero donde el Estado nuevamente administra las oportunidades (y las libertades de la gente). Pero allí también yace, en otro falso paradigma, buena parte de la tragedia de los pobres; que la asistencia directa estatal es capaz de resolver el problema. Si de veras el Estado fuera creador de riqueza, el Comunismo y el Socialismo (el de antes y el de ahora) no hubiesen fracasado. Todos los programas que se centran en un modelo de apoyo de arriba para abajo fracasan y seguirán fracasando.Aquí somos estudiosos de la pobreza pero no nos despegamos de los paradigmas. Invertimos sumas importantes en programas llamados de “combate” de la pobreza, con resultados muy debatibles precisamente porque se enfocan en el alivio y no en el remedio. Aunque suene estúpido, la pobreza se combate creando riqueza. Así el verdadero objetivo y orientación de estos programas deber ser la promoción la riqueza. Para ello entonces es clave propiciar y fortalecer, a ese nivel, las instituciones que han permitido la generación de riqueza en el mundo desarrollado como los derechos de propiedad, justicia rápida y expedita y apertura. Hace tres siglos David Hume lo resumió así; “Donde la posesión no tiene estabilidad habrá siempre conflictos, donde la Propiedad no se transfiere por el consentimiento nunca habrá comercio. Donde las promesas no se cumplen no habrá ligas ni alianzas”. O sea, busquemos las fórmulas para que a través de los mecanismos de mercado, podamos exitosamente mover los más pobres a un ámbito de oportunidades accesibles.Con el ánimo de contribuir a la generación de este tipo de soluciones, la Fundación Libertad ha patrocinado la publicación “Política y Pobreza. Cómo integrar a los pobres a la economía de mercados” del destacado abogado Ovidio Díaz-Espino.Con la obra “Política y Pobreza. Cómo integrar a los pobres a la economía de mercados”, la Fundación Libertad estrena un proyecto de publicación de ensayos sobre temas públicos y de mercado a los que pretende dar debate público y discusión a través de los medios de la Fundación, para enriquecer las opciones ciudadanas y promover la adopción de políticas efectivas. El ensayo está disponible en nuestra página web www.fundacionlibertad.org.paOvidio Díaz-Espino ha hecho un gran trabajo analizando y proponiendo mecanismos y políticas, algunos novedosos, para romper la ley de hierro de las oportunidades y la pobreza. El trabajo, aparte de prolijo, es un esfuerzo ordenado y lógico que debe inspirar las políticas públicas futuras. Nos sentimos orgullosos de lanzarla y de promoverla.