lunes, 2 de febrero de 2009

Una agenda latinoamericana para Obama

Por Juan Carlos Hidalgo - Tomado de www.elcato.org



El presidente electo Barack Obama nunca ha puesto un pie en América Latina. De acuerdo al columnista del Miami Herald, Andrés Oppenheimer, Obama ni siquiera pudo acordarse de un sólo líder latinoamericano cuando lo entrevistó por primera vez hace más de un año. Aún así, Obama fue altamente favorecido en la región durante su carrera presidencial, y su elección ha sido recibida con mucho entusiasmo en toda América Latina.


La popularidad de Obama representa una oportunidad para involucrar a la región en por lo menos cinco áreas en las que EE.UU. puede tener un impacto positivo en el desarrollo y la seguridad hemisférica:


Acabar con el embargo y la prohibición de viajar a Cuba: Obama prometió durante su campaña levantar los límites existentes a los viajes y al envío de remesas de cubano-estadounidenses hacia la isla. Aunque no criticó el embargo, su propuesta no agradó a Fidel Castro, quien llamó a la idea de más visitantes de EE.UU. “propaganda para el consumismo y el insostenible estilo de vida detrás de este”. A pesar de criticar oficialmente el embargo como una fuente de males de Cuba, Castro parece comprender bien el peligro para el régimen cubano si aumentase la interacción entre extranjeros y nacionales.


Obama podría ser más innovador en su política hacia Cuba. Debería proponer acabar por completo con la prohibición de viajar a la isla, y también remover el embargo comercial. Esto contribuiría más por acelerar reformas significativas en la isla que continuar una política que ha fracasado en lograr resultados durante casi 50 años.


Insistir en una reforma migratoria: Obama debería aprovechar la acrecentada mayoría Demócrata en el Congreso para pasar una importante reforma que permita que personas indocumentadas legalicen su situación en EE.UU. y cree un programa que conceda suficientes visas para trabajadores invitados y temporales. Obama favoreció un proyecto similar hace dos años, y debería darle seguimiento a este tema una vez que esté en la Casa Blanca. De esta manera se ganaría la buena voluntad de los latinoamericanos.


Reconsiderar la guerra contra las drogas: La violencia relacionada al narcotráfico está desangrando a México. Solamente en el 2008, más de 6.000 personas fueron asesinadas en luchas entre los narcotraficantes y la policía y ejército mexicanos. Las autoridades también han sido infiltradas y corrompidas por los capos de los cárteles. México, y cada vez más Centroamérica, corren el riesgo de seguir el mismo camino de violencia relacionada con las drogas que Colombia sufrió por muchos años.


La administración de Obama debería prestar más atención a lo que otros líderes latinoamericanos están sugiriendo como una alternativa a la estrategia prohibicionista de Washington. Hace algunos meses Manuel Zelaya, presidente de Honduras, pidió abiertamente la legalización de las drogas como una manera de combatir la violencia relacionada al narcotráfico. Él no es el único. En Argentina, el gobierno de Cristina Fernández está promoviendo la despenalización del consumo de drogas. En México, el opositor PRD también ha pedido la legalización de las drogas. Aún el Presidente conservador de México, Felipe Calderón, recientemente ha propuesto despenalizar pequeñas cantidades de algunas drogas, incluyendo la cocaína y la marihuana. Obama debería discutir con los líderes latinoamericanos alternativas que busquen reducir en estos países la violencia relacionada con las drogas y la corrupción.


Evitar confrontar a Hugo Chávez: Al presidente venezolano y a otros líderes populistas en la región se les hará difícil presentar a EE.UU. como el “imperio del mal” ahora que es liderado por un presidente carismático y popular. Sin embargo, Chávez y su pandilla bolivariana seguramente buscarán problemas con el nuevo gobierno, ya que el anti-americanismo es una característica clave de su populismo. Probablemente habrá algo de presión para que el nuevo presidente se vea “fuerte” en su trato con regímenes hostiles, pero Obama debería mantener en mente que la confrontación es exactamente lo que el populista quiere.


No causar daño al comercio: Seamos sinceros. Los acuerdos comerciales con Colombia y Panamá no tienen muchas posibilidades de ser aprobados este año en el Congreso. Ni tampoco habrá movimiento alguno en la dirección de un comercio más libre con América Latina mientras Obama esté en la presidencia. Sin embargo, el nuevo presidente no debería intentar renegociar los acuerdos existentes. Esto crearía un precedente terrible y pondría en duda la credibilidad de EE.UU. como socio comercial.


Obama está muy bien posicionado para enfrentar estos retos dada su enorme popularidad en América Latina. Debería aprovechar esta oportunidad.