lunes, 8 de diciembre de 2008

¿Por siempre jamás?

Por Luis Vicente León - Tomado de http://www.cedice.org.ve/

El Presidente arranca su campaña por la enmienda con un bajo nivel de apoyo a la misma. Mientras su popularidad personal se ubica en 57 por ciento, sólo el 25,5% de los consultados están de acuerdo con la reelección indefinida, mientras que 56% la rechaza abiertamente (el resto se muestra indiferente o no responde). Esto indica que Chávez va a esta "batalla" en negativo, aunque no significa que no tenga los instrumentos para lograr la hazaña.
Está apostando a una elección de alto riesgo en la que parece jugarse todo o nada. Es como un paciente a quien el médico le recomendó una operación muy peligrosa, que de no ejecutarse tendría un desenlace terrible. No parece tener alternativas para mantenerse en el poder... y de eso se trata.
Su mejor escenario habría sido convocar la enmienda el mismo día de las regionales, si hubiera tenido un triunfo contundente en términos numéricos y simbólicos, pero no fue así. A pesar de su evidente control numérico, los adversarios lograron avanzar en espacios clave, que le movieron el piso a chavistas y opositores.
Creo que Chávez no estaba preparado para ese revés y su reacción inmediata fue tímida, como dándose tiempo para diseñar la respuesta adecuada. El problema era que mientras evaluaba y trataba de explicar su triunfo haciendo maromas porcentuales, se materializaba la simbología opositora, esa que había crecido a pesar de las inhabilitaciones y las amenazas presidenciales. Sus adversarios estaban celebrando y los chavistas no entendían bien cómo era eso de que habían ganado si Aristóbulo, Diosdado, Jesse y Mario Silva habían quedado por fuera como la guayabera. Este era un escenario turbio que Chávez debía romper& y vaya que lo hizo.
Es así como decide iniciar la batalla por la enmienda, aun con los peligros que esto supone para él. Necesitaba terminar el debate sobre quién ganó las regionales. Acabar el cotilleo que involucra a la oposición. Radicalizándose y convocando a una enmienda devuelve las cosas a su lugar: en Venezuela sólo se debe hablar de Chávez, mal o bien, pero de él.
La convocatoria le resuelve además varios problemas. Le da un objetivo concreto a su partido, alinea la acción de su gente, lo muestra valiente y fortalecido y apura el paso para evitar que el desarrollo de una potencial crisis económica se lleve por los cachos sus expectativas de gobernar ¿por siempre jamás?
Pero Chávez sabe perfectamente que su propuesta no es atractiva. Está tratando de vender un caramelo sueco: ácido y salado. Por eso debe usar una estrategia de mercadeo político mucho más agresiva que la convencional. El espíritu de su propuesta electoral parece claro: o me dejas gobernar o te vas por el barranco. Si votas en mi contra habrá guerra. Si quieres que se mantenga la estabilidad más te vale que votes por la enmienda, te guste o no.
Este es el chantaje político en el que se sostendrá su estrategia, sólo que esta vez tendrá que ir más lejos que la amenaza. Para crear esta bóveda de miedo presentará un muestrario de la anarquía potencial que significa el país sin él. Los recién elegidos gobernadores y alcaldes opositores le caen de perlas. Vivirán en carne propia el primitivismo de esta oferta electoral. Las denuncias de una diputada chavista contra Capriles Radonski, antes de que éste se hubiera instalado en su oficina, las estrategias para impedir las juramentaciones de Ledezma y Pérez Vivas, el arrebato de atribuciones y recursos de las gobernaciones y alcaldías que no controlan y las amenazas de otra diputada de "hacerle la vida cuadritos" a los recién elegidos, es sólo el principio de lo que veremos en breve. Chávez o la anarquía, ese es el dilema que deberá enfrentar la población. Falta ver si se lo compran por miedo o finalmente lo castigan. Pero eso sólo nos lo dirá el futuro.

martes, 2 de diciembre de 2008

Simón Bolívar: cambures y educación

Por José Luis Coerdeiro - Tomado de http://independent.typepad.com/

La educación venezolana se ha caracterizado por no ser una educación productiva sino una educación rentista. Algo similar ocurre con la economía venezolana que vive de la renta petrolera, aunque cada día menor, en vez de producir más allá del facilismo petrolero.

En nuestro país la educación no enseña a ser empresarios sino a ser empleados. Nuestra educación sólo prepara a jóvenes intelectualmente "castrados" que viven sin utilizar su enorme potencial humano. Nuestra educación produce muchos estudiantes que se conforman con un 10 para pasar una clase y que luego son trabajadores sin sueños ni aspiraciones. Jóvenes que, desafortunadamente, no saben el enorme tesoro que llevan dentro de ellos. Niños que nunca utilizan su enorme potencial. Hay que enterrar nuestra educación actual que sólo enseña a pedir cambures. Tenemos que crear una educación moderna que enseñe a sembrar nuevas matas de cambur. Hay un viejo adagio indoamericano que dice lo mismo pero no sembrando cambures sino sembrando maíz: Si le das maíz a un hombre, éste se alimentará una vez./ Si le das mucho maíz, se alimentará varios días./ Si le enseñas a sembrar, se alimentará toda la vida. Una buena educación es la fórmula liberadora de los pueblos. Las personas realmente educadas son siempre productivas, pues quieren hacer más y más con lo que saben, y con lo que siguen aprendiendo cada día. Una persona educada no es empleada sino empresaria, emprendedora de nuevas ideas generadoras de más y mejores oportunidades. Simón Bolívar también estaba consciente de que para tener una nación realmente libre y democrática hacía falta una educación creadora, una educación fundada en el trabajo y en el saber y que haga a los hombres productivos e iguales ante la ley: Sólo la democracia, en mi concepto, es susceptible de una absoluta libertad... El sistema de gobierno más perfecto es aquel que produce mayor suma de felicidad posible, mayor suma de seguridad social y mayor suma de estabilidad política.
La educación popular debe ser el cuidado primogénito del amor paternal del Congreso. Moral y luces son los polos de una República, moral y luces son nuestras primeras necesidades... Renovemos en el mundo la idea de un pueblo que no se contenta con ser libre y fuerte, sino que quiere ser virtuoso. He pretendido excitar la prosperidad nacional por las dos más grandes palancas de la industria: el trabajo y el saber. Estimulando estos dos poderosos resortes de la sociedad, se alcanza lo más difícil entre los hombres: hacerlos honrados y felices.

Liberales ultras y sagrados

Por Carlos Rodríguez Braun - Tomado de http://independent.typepad.com


Juan Luis García Alejo, director de análisis de Inversis Banco, dijo en El País: "Esta crisis ha acabado con la ola de ultraliberalismo de los últimos años". Y Andreu Missé entrevistó en el mismo diario a Joaquín Almunia y le preguntó: "¿No cree que la sacralización del mercado y la desregularización ha contagiado a todos los Gobiernos, incluidos los de izquierda, y que ahora se plantea un nuevo equilibrio entre Estado y mercado?".

El prefijo ultra adherido al liberalismo, mucho más aún que el prefijo neo, tiene connotaciones básicamente peyorativas. De hecho, es casi imposible que las tenga laudatorias. Uno jamás diría de la madre Teresa de Calcuta: "era ultrasolidaria". Y, naturalmente, el prefijo no se aplica nunca al socialismo, que al parecer está alejado por definición de todo el siniestro extremismo que la idea de ultraliberalismo evoca.

Pero ese extremismo insano, para que no carezca de sentido, tiene que referirse a la supresión del Estado. Digamos, si liberalismo significa la contención de la coacción política y legislativa para propiciar la libertad, el ultraliberalismo tiene que significar la prolongación excesiva de esa misma línea, lo que lo aproximaría al caos anárquico o la ley de la selva. El señor García Alejo no puede seriamente pretender que creamos que en los últimos años han desaparecido los Estados, sus regulaciones y sus impuestos. Y si no ha sucedido así ¿qué quiere decir el tan zarandeado ultraliberalismo?

La misma asimetría aflige al señor Missé, cuya pregunta es en realidad retórica, porque da por supuesto que hasta ahora el mercado y la desregularización eran sagrados, dignos de la máxima veneración y respeto. Otra vez, uno no juega con lo sagrado, y por tanto lo que sugiere don Andreu es que hasta hoy la propiedad privada y los contratos voluntarios, es decir, los ingredientes fundamentales del mercado, no padecían restricciones desde las Administraciones Públicas. Como esto es claramente falso ¿qué quiere decir con un nuevo equilibrio entre Estado y mercado?

El 30 de noviembre escribió el socialista Jordi Sevilla en El Mundo una cosa obvia que se les ha escapado a don Juan Luis y a don Andreu en sus ficciones acerca de un Estado excesivamente adelgazado por las bárbaras acometidas del liberalismo: "El peso del sector público en la economía ya es muy elevado".

La importancia del debate

por Alberto Benegas Lynch (h)- Tomado de http://www.elcato.org


El punto de partida se instala en lo dicho por Einstein en cuanto a que “todos somos ignorantes, solo que en temas diferentes”, a lo que cabe agregar que también en el área en la que creemos saber, nuestros conocimientos son por cierto muy limitados. Karl Popper nos ha enseñado modestia y humildad. Este colosal filósofo de la ciencia explica que todas las posiciones tienen el carácter de la provisionalidad y debemos estar abiertos a posibles refutaciones, y que cuando una posición se refuta da lugar a un nuevo salto cuántico en el reservorio de la humanidad. Escribe Popper que navegamos en un mar de ignorancia y que los pequeños islotes de conocimientos sobre el que nos paramos resultan de un trabajoso y por momentos azaroso peregrinaje de prueba y error.


Sucede como con los textos que escribimos, decía Borges —citándolo a Alfonso Reyes— que “como no hay texto perfecto, si no publicamos nos pasamos la vida corrigiendo borradores”. La perfección no está al alcance de los mortales. Somos seres limitados e ignorantes que necesitamos de la confrontación de teorías rivales para progresar en la gesta parturienta del conocimiento.

Curiosamente cuando comencé mi colegio en Estados Unidos y, mucho más adelante, cuando estuve becado para seminarios de posgrado en el mismo país, el primer día de clase, en ambos casos, el profesor dibujó dos círculos de diámetro distinto en el pizarrón. En los dos casos nos dijeron a los alumnos que esos círculos representaban el conocimiento y el resto del pizarrón la ignorancia. A continuación nos pidieron que observáramos cuanto más estaba expuesto el círculo de radio mayor a las tinieblas de lo desconocido. En otros términos: cuanto más se sabe más conciente se está de la propia ignorancia.

A diferencia de lo que viene ocurriendo desde tiempo inmemorial en el mundo anglosajón, en medios latinoamericanos recién ahora se nota una actitud receptiva a la crítica, incluso en ámbitos académicos donde hasta no hace mucho el espíritu crítico se tomaba a mal en lugar de verse como una contribución valiosa al mejoramiento del trabajo que se discutía.

La duda, el interrogante y la apertura a la posible refutación constituyen condiciones esenciales para el progreso (precisamente, uno de mis libros se titula El juicio crítico como progreso, Editorial Sudamericana, 1996). Esta reflexión para nada implica adherir al relativismo epistemológico puesto que la búsqueda de la verdad y la incorporación de partículas de ella presupone la posibilidad de que el juicio concuerde con el objeto juzgado. De lo contrario —si no hubiera tal cosa como proposiciones verdaderas o proposiciones falsas— tal como nos dice Albert Camus, solo prevalecería la fuerza y, además, ya no tendrían razón de ser los departamentos de investigación ni las mismas universidades puesto que no habría verdades que descubrir y nada que averiguar y desentrañar.

Los debates abiertos son el medio indispensable y vital para confrontar distintas perspectivas y clarificar caminos. Hasta el momento, no he visto un pensamiento más fértil que exprese de mejor manera la ganancia para la alforja del ser humano que el expresado en el periódico Perfil por Jorge Fontevecchia : “En la discusión el que pierde gana porque se lleva la razón del otro”. Nada resume mejor el espíritu popperiano y el respeto por la opinión del otro.
La idea liberal se basa en un concepto abierto y en permanente evolución. Por eso me atrae tanto el lema de la Royal Society de Londres: nullius in verba, tomado de un verso de Horacio que significa que no hay palabras finales. Por eso me disgusta tanto la palabreja “ideología”, no en el sentido inocente del diccionario en cuanto a conjunto de ideas, ni siquiera en el sentido marxista de “falsa conciencia de clase” sino en el sentido más difundido de algo cerrado, impenetrable e inexpugnable. Por eso hace ya mucho tempo escribí un artículo en La Nación titulado “El liberalismo como anti-ideologia”.

Debemos estar alertas y en guardia con los planificadores y constructores de sociedades que, en lugar de sacar partida del conocimiento fraccionado y disperso, concentran ignorancia en ampulosos comités de “expertos”. Por eso también me resulta tan atractivo el título del libro de Ángel Castro Cid: Organismos internacionales, expertos y otras plagas de este siglo.

Fraude electoral en Nicaragua

por Mary Anastasia O'Grady - Tomado de http://www.elcato.org

Cada crisis presenta una oportunidad. Esa parece ser la forma de pensar del presidente de Nicaragua Daniel Ortega, quien está intentado robar unas elecciones mientras gran parte del mundo está concentrado en la conmoción financiera que amenaza la economía global.
El 9 de noviembre, Nicaragua celebró elecciones municipales en 146 ciudades y municipios. En un país tan pequeño estas contiendas son importantes porque los alcaldes tienen bastante autonomía y pueden actuar como una extensión del poder del gobierno central. Pero esta ronda de votaciones era aún más importante que lo habitual. Consolidar al poder marxista en Nicaragua es una de las principales metas del presidente venezolano Hugo Chávez y Ortega debe llevar a cabo ese plan. Si falla, será otro revés para el sueño de la extrema izquierda de establecer una base comunista en América Central.
La dictadura sandinista encabezada por Ortega dominó al país de 1979 a 1990. Desde que ganó la presidencia en 2006 con el 37% de los votos, ha demostrado que, como su amigo Chávez, los controles institucionales sobre su poder le resultan bastante inconvenientes. El índice de popularidad de Ortega ha bajado a cerca del 20%, lo que sugiere que aunque es el Jefe de Estado, muchos nicaragüenses desearían ahora que no fuera así.
Es dentro de este panorama que Ortega parece haber decidido que la victoria sandinista en las elecciones municipales del 9 de noviembre era indispensable. El gobierno ha proclamado el triunfo de sus candidatos en 94 municipalidades, pero la oposición habla de fraude. Esto ha desatado un fuerte enfrentamiento.
Las prácticas cuestionables sandinistas comenzaron mucho antes de que abrieran los centros de votación. Sin causar sorpresa, dada la historia de "revolucionario" de Ortega, la violencia fue una táctica de campaña clave. Y no lo digo yo. Nada menos que la organización no gubernamental (ONG) conocida como la Oficina de Washington sobre América Latina —conocida por su política izquierdista— advirtió de una represión patrocinada por el Estado antes de las elecciones.
En un comunicado del 6 de noviembre, la organización escribió: "Nos alarma el creciente clima de intolerancia hacia aquellos que se perciben como críticos del gobierno federal. El ataque físico en contra de una marcha de activistas de un partido de oposición y la aparente falta de voluntad de la policía para restablecer el orden, las investigaciones criminales en contra de varias organizaciones de la sociedad civil y de sus lideres, al igual que la investigación a ONGs internacionales que han financiado a varias de estas organizaciones, es extremamente preocupante". La Oficina de Washington sobre América Latina también hizo referencia a "actos violentos, por partidarios del gobierno, en contra de defensoras y defensores de los derechos humanos".
El terror no era la única herramienta a disposición de Ortega. Como mencionó esta columna hace varias semanas, sus esfuerzos de campaña fueron respaldados por Chávez, quien le envió millones de dólares en petróleo a Ortega pero pide que le paguen sólo el 50% de lo entregado. El resto es un préstamo a largo plazo. El crudo es vendido a precios de mercado y la ganancia es utilizada para financiar una operación de inversión social llamada Albanisa y un fondo político sandinista para sobornos llamado Albacaruna. El director de la compañía petrolera nicaragüense y de Albanise también es el tesorero del partido sandinista. Los sandinistas también tienen control del poder judicial y el Consejo Supremo Electoral, que descalificó a dos partidos políticos impidiendo que siquiera participaran en las elecciones.
Pero Ortega aún tenía dudas sobre sus chances. Y quizás porque ha sido el favorito de la izquierda internacional por tanto tiempo, parece haber decidido que podía mejorar sus posibilidades sin escrutinio.
El primer paso fue bloquear a la Organización de Estados Americanos, la Unión Europea y el Centro Carter para que no recibieran credenciales para observar las elecciones. Incluso excluyó al organismo de control independiente y sumamente respetado de Nicaragua, Ética y Transparencia —que había reconocido la victoria de Ortega en 2006— de los centros de votación.
A pesar de quedar marginado, Ética y Transparencia logró colocar observadores afuera de los centros de votación. Estimó que un tercio de los centros experimentaron irregularidades. También hubo informes indicando que en algunos lugares, los observadores de partidos de oposición fueron echados de los centros de votación y algunos de estos cerraron antes de tiempo.
El puesto de alcalde de Nicaragua es una de las contiendas disputadas más ferozmente. El candidato del Partido Liberal Constitucionalista (PLC), Eduardo Montealegre, está cuestionando la "victoria" del sandinista Alexis Argüello. Montealegre, quien aceptó gentilmente la derrota a manos de Ortega en las elecciones presidenciales en 2006, afirma que su partido realizó su propio conteo de votos y que él ganó. La Iglesia Católica y los dos grupos empresariales más grandes del país respaldan su llamado a un recuento. El Consejo Supremo Electoral ha accedido a un recuento, pero a puerta cerrada y sin observadores.
Los esfuerzos de Montealegre para liderar manifestaciones en favor de un recuento transparente han sido frustrados por bates sandinistras al acecho y rocas voladoras. Pero él insiste que mantenerse firme va más allá de la alcaldía. "Es más fundamental", dice. "Se trata de dictadura versus democracia".
Este artículo fue publicado originalmente en The Wall Street Journal (EE.UU.) el 24 de noviembre de 2008.

Oposición enloquecida

Por Robert Carmona-Borjas - Tomado de http://www.relial.org/





Los chavistas parecen haber perdido sus cabales. Es increíble y lamentable que los revolucionarios bolivarianos, después de la derrota del 23N, comiencen a atacar a los gobernadores y alcaldes de la oposición democrática, por razones meramente políticas y con el ánimo de obstaculizar su gestión.




Por supuesto que me refiero a la oposición chavista. Los llamados revolucionarios tienen ahora, después del 23N, un rol diferente en los principales estados y ciudades del país. Es una nueva realidad. Es la traducción del nuevo mapa geopolítico del país.
Los chavistas parecen haber perdido sus cabales. Es increíble y lamentable que los revolucionarios bolivarianos, después de la derrota del 23N, cuando perdieron espacio en las zonas de mayor densidad demográfica del país, industrial y comercial, de mayor desarrollo económico y cultural, comiencen a atacar a los gobernadores y alcaldes de la oposición democrática elegidos el domingo pasado, por razones meramente políticas y con el ánimo de obstaculizar su gestión.
Sin referirme a las declaraciones del presidente, atacando desde temprano a la oposición, por la vía del desconocimiento de su importancia política, vemos otras acciones de la dirigencia oficialista que son simplemente patéticas.
La señora Iris Varela, en situación de bajo perfil en los últimos meses, ha planteado un referéndum revocatorio para el nuevo gobernador del Táchira. Una barbaridad política que desvirtúa la esencia de los revocatorios. Antes de comenzar su gestión, la dirigente psuvista acusa de ineficiente a las nuevas autoridades. Sólo los bolivarianos pueden ver el futuro. Más estupideces.
Además, la dirigente revolucionaria del Táchira parece haberle pedido al nuevo Gobernador que condone los créditos otorgados por el gobierno nacional en el Táchira, pues no puede obligar a nadie a pagarlos. Un llamado al desorden. Ahora, los revolucionarios, después que se dieron los créditos, no los quieren pagar y no solamente eso, piden que se legalice su situación después de haber disfrutado de los recursos del Estado. Algo como Correa en Ecuador que se niega ahora a pagar la deuda externa contraída, según él, ilegalmente. Parecidos bolivarianos, simplemente.
Pero el asombro no se detiene en el Táchira. En Miranda, en Caracas, en el Zulia, los ahora opositores se niegan a respetar a la autoridad elegida lo que genera un conflicto serio que destruye la necesaria armonía entre las instituciones del país.
Los policías de Miranda se alzaron, ante la llegada de la autoridad que viene a poner orden. Igual en Caracas en donde un grupo de afectos oficialismo, apoyados por el gobierno nacional, amenaza al Alcalde Ledezma y le prohíbe que visite el 23 de enero. Hablan de guerra. Grave e insólito. Lamentable también la situación de la televisora Ávila que pasa al gobierno central, unos días después de la derrota de la revolución bolivariana. La Alcaldía podrá, a lo mejor, crear su propia televisión.
En Guárico, el Gobernador oficialista William Lara amenaza con abrir una investigación a la administración de Manuit. Claro está, es de corte político. Si hay que investigar y sancionar, bienvenidos pero no se puede anunciar una política de persecución desde ahora. Imaginémonos por un momento si Ledezma abre una investigación minuciosa a la administración de Barreto. O si Capriles hace lo propio con Cabello y peor si Oscariz investiga la gestión de Rangel. Allí hay mucho que cortar probablemente. Lara está abriendo una brecha difícil, pero peor aún, provocadora y peligrosa.
Los revolucionarios pretenden que las cosas sigan igual en los Estados en donde la oposición ha triunfado ampliamente. No se trata de borrón y cuenta nueva como lo han hecho groseramente y a un costo enorme, los chavistas en el país, después que ganaron en 1998. Los gobernadores y alcaldes podrán realizar programas concretos, desde luego, sin destruir la relación con el gobierno central, es decir, ejerciendo sus funciones acorde con la ley. Pero no pueden seguir usando camisas y boinas rojas, como expresión de poder. Tampoco azul, amarilla o blanca.
La oposición, dirigida por Hugo Chávez, parece desconocer de facto las elecciones del 23N, contraviniendo las declaraciones de la presidenta del órgano electoral quien llama a la paz y al respeto de todos, aunque pareciera referirse solamente a la dirigencia democrática..
La democracia se fortaleció el 23N. Sólo actuaciones descabelladas de los frustrados revolucionarios oposicionistas podrán minimizar la importancia de ese proceso y afectar el desarrollo de las relaciones normales. El respeto se impone de uno y otro lado. Ojalá que no insistan, con el aval de las máximas autoridades, en perturbar la autonomía de las entidades descentralizadas y que se logre una relación armónica en beneficio del pueblo, del soberano, aquel al que todos se refieren pero que olvidan con frecuencia.