miércoles, 5 de noviembre de 2008

Liberalismo del siglo XXI

Ramón Barreiro tomado de http://www.relial.org/



Lo importante, y preocupante, es que el socialismo que proponen es real y pretende ser permanente. Ahora sabemos que los nuevos populistas son realmente nuevos socialistas, o neosocialistas



Los liberales no somos dados a describir utopías. Ni siquiera durante la Ilustración, escritores preliberales propusieron sociedades nuevas; sí creían en la idea de que el ser humano podía valerse de la razón para gobernarse así mismo y al mundo; sin embargo, nunca propusieron rupturas definitivas con el viejo orden.

El liberal siempre se ha contentado con proponer la inclusión de ciertos valores en la política, todos ellos referidos a la libertad individual y la tolerancia. La libertad y la tolerancia no requieren de utopías para ser realizadas, pues son instituciones que se generan espontáneamente en la sociedad civil; su desarrollo varía de sociedad en sociedad, pudiendo potenciarse o restringirse por el sistema político. Así que esos escritores preliberales de la Ilustración, por mucho que creyesen en la razón como instrumento de la creación humana, también reconocían que existía un orden espontáneo ajeno al ser humano, un orden natural con sus propias leyes.
La convivencia humana genera espontáneamente la política y sus valores, y conocer la importancia que ciertos valores implican para el desarrollo individual y social ha sido siempre el objetivo de la teoría política liberal. La política liberal como ejercicio es ante todo prudencia.


El pasado seminario de la Fundación Libertad y la Red Liberal de América Latina (RELIAL), “El nuevo populismo totalitario. Consecuencia o causa del deterioro democrático continental”, nos ha mostrado cómo los nuevos populismos han dado un giro preocupante en Latinoamérica; cierto es que sus pretensiones eran bastantes claras desde el principio, pero se desestimaron al considerarlas parte de un discurso populista revanchista, sin oportunidades ni voluntades para experimentar con el orden institucional. Esta primera lectura estuvo tristemente equivocada. Los populismos de Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua arengaban el fin de las institucionalidades previas de sus respectivos países, porque en estos países la institucionalidad de verdad colapsaba, y ellos se convirtieron en consecuencia y prueba definitiva de esos colapsos; ahora se sienten validados para hacer borrón y cuenta nueva, para construir de la nada, casi irreflexivamente, pero siempre con la idea clara de instrumentalizar el poder estatal.
Tras varias reformas constitucionales, se nos presenta un nuevo socialismo latinoamericano, el socialismo del siglo XXI, llamado a ser el norte socialista del resto del mundo; ¿es en verdad nuevo? Lo importante, y preocupante, es que el socialismo que proponen es real y pretende ser permanente. Ahora sabemos que los nuevos populistas son realmente nuevos socialistas, o neosocialistas.


¿Qué hacemos entonces los liberales? ¿Abandonamos la política-prudencia, nos radicalizamos y aceptamos la confrontación abierta de valores? ¿Empezamos a proponer utopías? Seguir cualquiera de estas vías representa abandonar el liberalismo. El gobierno de las instituciones -entiéndase de las leyes- sigue siendo nuestro norte, y en consecuencia debemos seguir siendo liberales, debemos defender la institucionalidad, la familia, el mercado, la libertad, la tolerancia, la propiedad, la igualdad ante la ley y tantas otras instituciones que potencian la autonomía de las personas. No toda América Latina se ha rendido ante el socialismo del siglo XXI; aun los mismos países de los neosocialistas mantienen organizaciones políticas que defienden la libertad. No ha triunfado aún el totalitarismo.

Los liberales ya no podemos seguir en el letargo político, tenemos que organizar nuestro esfuerzo y consolidar un discurso, un liberalismo del siglo XXI, que promueva los valores de la sociedad civil, los valores de la libertad.