martes, 18 de noviembre de 2008

La mano dura de Chávez



Por Mary Anastasia O'Grady- Tomado de http://independent.typepad.com/


La amenaza de Hugo Chávez la semana pasada de sacar los tanques a las calles si sus partidarios no ganan estados clave en las elecciones regionales del domingo es escalofriante, pero no es sorprendente. Se trata sólo del próximo paso lógico en la campaña del presidente venezolano para quedarse con todo el poder y silenciar cualquier disenso.
A pesar de numerosos traspiés sufridos por la democracia venezolana, muchos aún creen que se pueden deshacer de Chávez de forma democrática. Sus expectativas aumentaron el año pasado cuando los votantes derrotaron un referéndum en el cual Chávez intentó reformar la Constitución para fortalecer sus poderes autoritarios. Ahora, esperan asestar un nuevo golpe al elegir a gobernadores de la oposición en por lo menos tres y tal vez más de diez de los 23 estados del país. El principal puesto en el distrito capital de Caracas también está en juego.


Actualmente hay 18 estados con gobernadores pro-Chávez y, a pesar del deterioro en los estándares de vida, se espera que el Partido Socialista Unido de Venezuela, de Chávez, se mantenga en el poder en una buena cantidad de ellos.


Un motivo es que las reglas favorecen al gobierno. El Estado utiliza fondos públicos para apoyar a los candidatos chavistas y ha gastado mucho más que la competencia. El Consejo Nacional Electoral es dominado por partidarios de Chávez. Grandes cantidades de personas que querían postularse y que son populares fueron declaradas "inelegibles". El gobierno se ha negado a divulgar los padrones de votantes para que la oposición se pueda asegurar de que son correctos. Se espera que las colas sean largas el día de las elecciones y la presunción generalizada de que el gobierno recurrirá a las trampas para ganar podría disminuir la participación de la oposición.
Sin embargo, incluso esto no es suficiente para Chávez. En las últimas semanas, el mandatario venezolano ha comenzado a amenazar con usar a las fuerzas militares contra su propia población en estados en lo que sus candidatos a los municipios y gobernaciones sean derrotados. Durante un viaje al estado de Carabobo la semana pasada, les dijo a los votantes: "Si permiten que la oligarquía regrese a la gobernación [de Carabobo], a lo mejor voy a terminar sacando a los tanques de la brigada blindada para defender al gobierno revolucionario". Igualmente perturbadoras son sus declaraciones de que retendrá los fondos federales en los estados donde sus candidatos no resulten electos.


Los venezolanos lo vieron venir. Desde sus primeros días como presidente en 1999, Chávez comenzó a trabajar para destruir cualquier contrapeso a su poder. El 11 de abril de 2002, luego de semanas de manifestaciones callejeras contra este esfuerzo, cientos de miles de venezolanos volvieron a marchar en Caracas. Diecinueve personas fueron asesinadas a balazos en las calles a manos de seguidores del gobierno. Cuando Chávez le pidió a los militares que usaran la fuerza contra la muchedumbre, los generales se negaron y, en cambio, le dijeron que tenía que dar un paso al costado.


Uno pensaría que todos los estadounidenses apoyarían el llamado a detener el derramamiento de sangre. Pero el senador de Connecticut Chris Dodd condenó enérgicamente la remoción de Chávez. El autoproclamado experto en América Latina insistió en que puesto que Chávez había sido "electo democráticamente" en una votación justa, debería quedar inmune a los desafíos a su poder, sin importar los abusos. Hasta la fecha el senador considera que se trató de un golpe respaldado por EE.UU., a pesar de que un informe del Inspector General del Departamento de Estado encontró que la acusación era falsa. Incluso la Organización de los Estados Americanos aceptó el cambio en el poder.


Por supuesto que no fue un golpe, respaldado por EE.UU. o de otro tipo, como da fe el hecho de que mientras Chávez fue derrocado, se le permitió conservar su teléfono celular, conversar con La Habana y negociar su futuro. Con la ayuda involuntaria de la oposición, que actuó de forma incompetente, Chávez volvió al poder unos días más tarde.
Las circunstancias de la resurrección política de Chávez aún se debaten pero lo que no se cuestiona es el motivo por el que los venezolanos acudieron en masa a las calles ese día: se oponían a la consolidación en el poder del hombre fuerte, la cual, advirtieron, conduciría a la dictadura.


Seis años y medio después podemos constatar que los manifestantes tenían razón.
Casi la totalidad del poder económico, judicial, electoral y parlamentario en Venezuela está en las manos del Chávez, el presidente "electo democráticamente" para usar las palabras de Dodd. Los médicos y maestros cubanos se despliegan por todo el país, adoctrinando a los pobres. Personal de inteligencia cubana está siempre a mano para apoyar a la Revolución Bolivariana mientras las pandillas de los barrios se aseguran de que la base se mantenga fiel a los principios chavistas. Los prisioneros políticos se están pudriendo en las cárceles venezolanas sin juicios.
Ser identificado como un oponente político a la revolución es un pasaje al final de la fila de las personas en busca de empleo. La propiedad privada tiene cero protección bajo la ley y el sector privado de la economía ha sido prácticamente aniquilado.


Chávez parece sorprendido de que luego de una década de represión los venezolanos todavía luchan para recuperar su libertad. Pero está totalmente decidido a mantener el control y ha dejado en claro que no aceptará una derrota en las urnas. Este es su presidente "electo democráticamente", senador Dodd.