martes, 18 de noviembre de 2008

Cumbre anticrisis: Lo que faltó




Por Arturo Damm - Tomado de http://www.elcato.org/

Terminó la reunión del G-20, el grupo de los veinte países económicamente “más importantes”, reunión que tuvo por nombre "Cumbre sobre Mercados Financieros", conocida como la cumbre anticrisis, uno de cuyos objetivos fue la elección de medidas para evitar que en el futuro se repita lo que ahora está sucediendo, una crisis económica caracterizada, en el mejor de los casos, por un menor crecimiento de la producción y una menor creación de empleos y, en el peor, por un decrecimiento de la producción de bienes y servicios, y por la pérdida de puestos de trabajo, todo lo cual está muy bien, siempre y cuando las mentadas medidas sean las correctas, algo que, desafortunadamente, no fue el caso.

La causa primera de la crisis se encuentra en las políticas monetarias de los bancos centrales, comenzando por la Reserva Federal, y en su poder para emitir dinero, sin respaldo de ningún tipo (dinero fiduciario), y sin medida (un mal menor sería adoptar la regla monetaria propuesta por Milton Friedman: que la cantidad de dinero aumente a una tasa constante, equivalente al incremento promedio de la oferta de mercancías), generando así un aumento engañoso del crédito (no producto de un incremento en el ahorro de la gente, sino de la emisión primaria de dinero) y, por lo tanto, una baja artificial en el precio del mismo, la tasa de interés (no efecto, nuevamente, del aumento en el ahorro).
Aquella es la causa primera (lo cual quiere decir que hay causas segundas) de los ciclos económicos de auge y recesión, y mientras no se considere seriamente la posibilidad de limitar la capacidad emisora de los bancos centrales (lo ideal sería abolirlos y volver al sistema de libertad bancaria y dinero mercancía), y éstos sigan actuando como lo han hecho siempre, el ciclo económico seguirá estando presente, y la actividad económica, desde la producción hasta el consumo, pasando por la creación de empleo y la generación de ingreso, seguirá oscilando entre el auge y la recesión, con consecuencias que van desde la mala asignación de factores de la producción hasta los descalabros a nivel de la economía familiar, todo lo cual se puede evitar si se hace lo correcto.

¿Cuántas veces se criticó, en la cumbre del G-20, no digamos la existencia, sino solamente la actuación, de los bancos centrales, comenzando por la Reserva Federal?

¿Quiénes propusieron, si no eliminarlos, sí limitarlos? Las respuestas, respectivamente, son ninguna y nadie, y la explicación es que los últimos en querer que los bancos centrales desaparezcan, por más independientes que sean con respecto a los poderes ejecutivos, son los gobernantes y los políticos, ya que ello sería tanto como “cerrarles la llave” a un financiamiento sui generis: el procedente, no del ahorro de la gente, sino de la emisión primaria de dinero.
Es más, pese a la evidencia en contra, los bancos centrales siguen considerados como piezas claves del progreso económico, y a las pruebas me remito. En la introducción del libro Banco de México, su historia en cápsulas, de Eduardo Turrent, leemos que dicho banco “es una institución fundamental del país, (por sus) ocho largas décadas de servicios continuos a favor de la economía mexicana…”. ¿Servicio continuo? Ya se le olvidó, a quien escribió la introducción, las más de tres décadas, de enero de 1971 a octubre de 2003, durante las cuales la inflación anualizada nunca bajó del cuatro por ciento, a lo largo de las cuales se acumuló un alza de precios de ¡¡¡448 mil 662 por ciento!!!, cifra que en buena medida explica los malos resultados en la economía mexicana, época en la cual la inflación promedio anual fue 25,2 por ciento. ¿Servicio continuo? ¡Sí, como no!

Por cierto, ¿quién escribió la presentación del libro de Turrent? Guillermo Ortiz, gobernador del Banco de México.

Reeditando el Juego de la Piñata


Por Jorge Hernández - Tomado de http://www.acrata.org/


En estos días de crisis aparecen a diario artículos ensayando respuestas desde diferentes canteras. Desde Samuelson hasta Hildebrandt, en ese orden decreciente, leyéndolos, no puedo dejar de recordar el juego de la piñata.
Los pensadores socialistas y sus variantes light son diestros en este juego. ¿En qué consiste? Es muy fácil. Arman una piñata, la llenan de juguetitos, caramelos, tonterías y después empiezan a golpearla hasta hacerla reventar. A la piñata la llaman “neoliberalismo”, o “capitalismo” (por cierto, Marx nunca utilizó esta palabra) y la llenan de adjetivos, conceptos falsos, historias que ellos – por ignorancia o estupidez – han inventado y después, cuando ya está repleta, empiezan a golpearla sin misericordia.


Felices de destruir al cuco que les hace daño. Extasiados de expulsar al demonio que ellos mismos acaban de crear. Ya extenuados, gritarán que lo vencieron. O peor aún - como ahora - dirán que “el sistema capitalista está en debacle” o que “el sistema colapsó”. Las aves agoreras del sistema juegan bien a la piñata.


Pero, ¿qué es el capitalismo o sistema de libre mercado? Es producción en masa para satisfacer necesidades en masa. En él los agentes económicos interactúan libremente para crear riqueza a partir de la satisfacción de necesidades de otros. Sólo si logran satisfacer las necesidades de las mayorías obtienen ganancias. De no hacerlo, las pérdidas terminarán por sacarlos del mercado. El mercado funciona cuando el Estado no mete sus narices. El mercado puede ver el sol cuando el Estado se hace a un lado, como le pidió Diógenes (mercado) a Alejandro Magno (Estado).
En un sistema de libre mercado, el Estado no juega pero cumple un papel fundamental. Es – como en el fútbol – el árbitro que hace cumplir las reglas del juego. El árbitro hace que las reglas se cumplan para todos por igual, es imparcial, no se casa con nadie, si alguien se acerca a pedirle favores (por ejemplo, que le valide un gol en posición adelantada), simplemente lo castiga, expulsándolo del juego.


Si alguien juega mal, calcula mal, se entusiasma y se mete un autogol, el árbitro no puede anularlo, porque estaría favoreciéndolo injustamente en detrimento de los otros jugadores. Me corrijo. Puede hacerlo. Puede incluso agarrar la pelota en sus manos, correr media cancha, esquivando a los impávidos jugadores, introducir la pelota en uno de los arcos y sentenciar un gol. Puede hacerlo. Pero con ello el juego puede llamarse de cualquier manera menos fútbol.
De la misma forma, cuando en un sistema de libre mercado el Estado deja de ser un mero árbitro y se entromete, cambiando a su antojo las reglas (a través de la reducción de tasas de interés por la Banca Central norteamericana y la reducción de los criterios de selección para obtener créditos), permitiendo de esta manera que los agentes entreguen dinero a quien no va a poder pagar y rescatándolos después de una segura bancarrota (un justo castigo, por cierto) con dinero de los contribuyentes, o entrando en connivencia con algún agente (un ejemplo muy nuestro: permitiendo la explotación de lotes petroleros sin previa licitación), el sistema deja de ser lo que es y se convierte en cualquier otra cosa (mercantilismo estatista, verbigracia), al margen que algunos lo sigan llamando capitalismo.


Tal como aclara Paul Laurent “Si éste (el mercado) hubiera operado sin interferencias, esta gigantesca contracción monetaria no se hubiera dado, pues ningún banquero suelta dinero sin tener de antemano la total certeza del retorno del mismo. Mas si este banquero es “invitado” a regalar dinero a cambio de dádivas (todas legales) por parte del tesoro público, entonces el panorama cambia. Así es como la sana codicia se torna perjudicial”. (“Crisis del Estado Regulador” en http://www.eldiarioexterior.com/noticia.asp?idarticulo=23367)


Los supuestos verdugos del capitalismo han inventado y después combatido debilidades de un adversario al que de hecho vencerán. Quieren vender su ideario colectivista reinventando conceptos. Empero, la crisis presente - como ocurrió en el crack del 29 - no la causó el mercado. El sistema capitalista no ha colapsado, lo que ha fracasado – una vez más – es el intervencionismo estatal.

La verdadera crisis no es económica




Por Oscar Elía Mañú - Tomado de http://liberpress.blogspot.com



LiberPress/ GEES-Época - 23 de octubre de 2008-El libre mercado es el mejor sistema económico de la historia; el régimen constitucional-pluralista occidental, el mejor régimen político posible. Ambos son preferibles no por sus extraordinarios resultados –fácilmente constatables con sólo compararlos con sus alternativas-, sino por una circunstancia más modesta, pero más importante: son los que mejor se adaptan a la naturaleza del hombre, ser racional y libre abocado a elegir, a acertar, a equivocarse, a caerse, a levantarse y a volverse a caer. El liberalismo no es ninguna ganga. Es simplemente el más humano de los regímenes posibles.Es además un pequeño milagro histórico, fruto de la depuración de ideas y valores propiamente occidentales. A la filosofía griega debe el liberalismo el ansia por un discurso racional riguroso y ordenado; al derecho romano el respeto incondicional a la ley y al derecho; al cristianismo el carácter sagrado del ser humano y de su conciencia. Actitudes, valores y principios claros, rotundos e inviolables, de los cuales surgen el liberalismo, la democracia y el parlamentarismo.




Pero esta constatación tiene una consecuencia práctica: cuando estos presupuestos intelectuales y morales se socavan, lo hace el régimen político que de ellos se deriva.Hoy los economistas discuten las causas y las consecuencias de la crisis financiera. Pero si buscamos más allá, más que ante una crisis económica, el panorama presenta todos los síntomas de una fractura civilizacional que afecta a las sociedades occidentales en general y a las europeas en particular, y de la que esta crisis es la más aguda de sus manifestaciones. Nuestras sociedades muestran –en lo estratégico, educativo, cultural o artístico- un aspecto desolador y decadente a duras penas escondido tras la opulencia y el bienestar material.Este crash cultural se caracteriza primero por una grave crisis intelectual, con una tiranía relativista que persigue y desprecia las verdades, los principios intelectuales y el discurso racional. De esto se deriva una profunda crisis moral que ha convertido a los occidentales en subjetivistas sin escrúpulos, seres que niegan explícitamente cualquier valor o principio moral que les obligue más allá de sus necesidades, impulsos y apetitos.Escepticismo intelectual y relativismo moral. He aquí el cáncer de nuestras sociedades. Su metástasis se ha extendido, y ahora vemos las consecuencias. Si no se cree en que hay cosas verdaderas y cosas falsas, comportamientos buenos y comportamientos malos, la crisis cívica está servida: ¿para qué decir la verdad a los ciudadanos? ¿para qué explicarla?,¿para qué exigirla? ¿por qué ser honrado si resulta contraproducente? ¿por qué exigirlo? ¿para qué ser responsable cuando viene mal? ¿para qué exigirlo si no viene bien?Nuestras sociedades son sociedades irresponsables. Los ciudadanos evitan hacerse cargo de sus decisiones hasta en el ámbito más personal, lo mismo que las empresas y las instituciones públicas. La sociedad occidental se comporta como un niño malcriado, incapaz de hacerse cargo de sus actos y de sus consecuencias. Exige que sean otros los que solucionen sus problemas, y evita pensar en éstos siempre que sea posible. Además rechaza su propio pasado, su tradición, sus principios éticos y e intelectuales. No hay sistema político o económico que aguante algo así, porque no hay sociedad sana que lo haga.Una sociedad abandonada al relativismo y a la pereza intelectual y moral tenía que llegar a una crisis así. Prosperar trabajando duramente ha sido considerado una pérdida de tiempo. Cumplir la ley si es posible saltársela, también. El esfuerzo, la honradez, la integridad y la ética del trabajo se consideran algo conservador y arcaico. El cálculo riguroso y referido a valores y principios, una muestra de intolerancia. La preocupación por las consecuencias y los actos propios, una pérdida de tiempo.Razonando así, se erosionan todos los principios liberales y aún occidentales de nuestras sociedades. La inyección de millones de euros de unas instituciones huérfanas de liderazgo es en verdad la de toneladas de irresponsabilidad para sepultar un problema que no es de liquidez monetaria, sino de salud moral y cultural. Ésta es la crisis que debe preocuparnos, porque además no se resolverá fácilmente, y traerá consigo otras manifestaciones en el futuro, tanto económicas como sociales, estratégicas o institucionales.

Ser o no ser



Por Rómulo López Sabando - Tomado de http://independent.typepad.com


“Ante la oscura e inmunda realidad del reino de Elsinor” (Dinamarca) e inmerso en falaz o auténtica locura, Hamlet duda: Ser o no ser, ese es el dilema (To be or not to be: that is the question). ¿Actúo o me inhibo? (Shakespeare).


Igual, ¿cómo lograr el mejor nivel de vida, para la mayor cantidad de personas, en el menor tiempo posible y al más bajo costo social?

Esta es la más sencilla reflexión que un hombre público, con la plenitud del poder o sin él, debe hacerse. El dilema es el “cómo”.

En la historia y en el mundo las experiencias y los resultados de otros pueblos dan la pauta del desarrollo, el bienestar, la ciencia y la tecnología.
La emigración forzada, que arriesga vida, autoestima y familia, derivada del desempleo y la inseguridad, busca un mejor nivel de vida.
Los emigrantes quieren trabajo. Quieren paz, armonía y realizarse como seres humanos dignos. Quieren prosperar.


Pero las ambiciones y apetitos de políticos los entrampan en dos mundos distintos pero no superpuestos.


Cuba, Venezuela y Nicaragua, atraen, en teoría, a muchos activistas, pero que no emigran a radicarse en ellos. Promueven que son dechado del bienestar y prosperidad. Sin embargo, no hacen de ellos su definitivo lugar de vida.
Al contrario, son muchos los que emigran con sus familias precisamente a los Estados Unidos y Europa, a los que denostan y cuyos sistemas de vida dicen detestar, pero les fascinan y aprovechan.


Vietnam (el Vietcong Vi?t Nam C?ng S?n, o “Comunista Vietnamita”, en sus membretes República Socialista de Vietnam), Indochina, en el sudeste asiático que limita con China, Laos y Camboya, el Mar de la China en el Golfo de Siam, de muy ingrata experiencia y malhadada recordación para los norteamericanos, con 87 millones de personas es el segundo de más rápido crecimiento económico y bienestar social en el mundo y tiene ahora, en el 2008, el 8,17% en el PIB.


Es modelo ejemplar de libre comercio, economía de mercado, propiedad privada e inversión extranjera al igual que China, Singapur e India (que convierte 300 millones de pobres en millonarios). Abjuraron del socialismo y del comunismo y se convirtieron en neoliberales. Están ajenos a las burbujas derivadas de la demagogia y la especulación mercantilista, prohijadas por tecnócratas librescos educados en Harvard, Montaigne, Keynes, Samuelson, el FMI y el Banco Mundial.


La crisis financiera les afecta si, pero su robusta economía, su enorme potencial de ahorro y la libertad de sus pueblos, los convierten en países de mayor y mejor consumo. El hambre y la desocupación desaparecieron. Su economía es suma positiva y no suma cero.
Sus políticos detestan las prédicas de Fidel Castro, Hugo Chávez o el monarca de Irán. Nada quieren saber del capitalismo de Estado. Al contrario quieren que sus pueblos y no los gobernantes sean los dueños del capital. Imitan a Corea del Sur y Taiwán. Quieren ser.

La mano dura de Chávez



Por Mary Anastasia O'Grady- Tomado de http://independent.typepad.com/


La amenaza de Hugo Chávez la semana pasada de sacar los tanques a las calles si sus partidarios no ganan estados clave en las elecciones regionales del domingo es escalofriante, pero no es sorprendente. Se trata sólo del próximo paso lógico en la campaña del presidente venezolano para quedarse con todo el poder y silenciar cualquier disenso.
A pesar de numerosos traspiés sufridos por la democracia venezolana, muchos aún creen que se pueden deshacer de Chávez de forma democrática. Sus expectativas aumentaron el año pasado cuando los votantes derrotaron un referéndum en el cual Chávez intentó reformar la Constitución para fortalecer sus poderes autoritarios. Ahora, esperan asestar un nuevo golpe al elegir a gobernadores de la oposición en por lo menos tres y tal vez más de diez de los 23 estados del país. El principal puesto en el distrito capital de Caracas también está en juego.


Actualmente hay 18 estados con gobernadores pro-Chávez y, a pesar del deterioro en los estándares de vida, se espera que el Partido Socialista Unido de Venezuela, de Chávez, se mantenga en el poder en una buena cantidad de ellos.


Un motivo es que las reglas favorecen al gobierno. El Estado utiliza fondos públicos para apoyar a los candidatos chavistas y ha gastado mucho más que la competencia. El Consejo Nacional Electoral es dominado por partidarios de Chávez. Grandes cantidades de personas que querían postularse y que son populares fueron declaradas "inelegibles". El gobierno se ha negado a divulgar los padrones de votantes para que la oposición se pueda asegurar de que son correctos. Se espera que las colas sean largas el día de las elecciones y la presunción generalizada de que el gobierno recurrirá a las trampas para ganar podría disminuir la participación de la oposición.
Sin embargo, incluso esto no es suficiente para Chávez. En las últimas semanas, el mandatario venezolano ha comenzado a amenazar con usar a las fuerzas militares contra su propia población en estados en lo que sus candidatos a los municipios y gobernaciones sean derrotados. Durante un viaje al estado de Carabobo la semana pasada, les dijo a los votantes: "Si permiten que la oligarquía regrese a la gobernación [de Carabobo], a lo mejor voy a terminar sacando a los tanques de la brigada blindada para defender al gobierno revolucionario". Igualmente perturbadoras son sus declaraciones de que retendrá los fondos federales en los estados donde sus candidatos no resulten electos.


Los venezolanos lo vieron venir. Desde sus primeros días como presidente en 1999, Chávez comenzó a trabajar para destruir cualquier contrapeso a su poder. El 11 de abril de 2002, luego de semanas de manifestaciones callejeras contra este esfuerzo, cientos de miles de venezolanos volvieron a marchar en Caracas. Diecinueve personas fueron asesinadas a balazos en las calles a manos de seguidores del gobierno. Cuando Chávez le pidió a los militares que usaran la fuerza contra la muchedumbre, los generales se negaron y, en cambio, le dijeron que tenía que dar un paso al costado.


Uno pensaría que todos los estadounidenses apoyarían el llamado a detener el derramamiento de sangre. Pero el senador de Connecticut Chris Dodd condenó enérgicamente la remoción de Chávez. El autoproclamado experto en América Latina insistió en que puesto que Chávez había sido "electo democráticamente" en una votación justa, debería quedar inmune a los desafíos a su poder, sin importar los abusos. Hasta la fecha el senador considera que se trató de un golpe respaldado por EE.UU., a pesar de que un informe del Inspector General del Departamento de Estado encontró que la acusación era falsa. Incluso la Organización de los Estados Americanos aceptó el cambio en el poder.


Por supuesto que no fue un golpe, respaldado por EE.UU. o de otro tipo, como da fe el hecho de que mientras Chávez fue derrocado, se le permitió conservar su teléfono celular, conversar con La Habana y negociar su futuro. Con la ayuda involuntaria de la oposición, que actuó de forma incompetente, Chávez volvió al poder unos días más tarde.
Las circunstancias de la resurrección política de Chávez aún se debaten pero lo que no se cuestiona es el motivo por el que los venezolanos acudieron en masa a las calles ese día: se oponían a la consolidación en el poder del hombre fuerte, la cual, advirtieron, conduciría a la dictadura.


Seis años y medio después podemos constatar que los manifestantes tenían razón.
Casi la totalidad del poder económico, judicial, electoral y parlamentario en Venezuela está en las manos del Chávez, el presidente "electo democráticamente" para usar las palabras de Dodd. Los médicos y maestros cubanos se despliegan por todo el país, adoctrinando a los pobres. Personal de inteligencia cubana está siempre a mano para apoyar a la Revolución Bolivariana mientras las pandillas de los barrios se aseguran de que la base se mantenga fiel a los principios chavistas. Los prisioneros políticos se están pudriendo en las cárceles venezolanas sin juicios.
Ser identificado como un oponente político a la revolución es un pasaje al final de la fila de las personas en busca de empleo. La propiedad privada tiene cero protección bajo la ley y el sector privado de la economía ha sido prácticamente aniquilado.


Chávez parece sorprendido de que luego de una década de represión los venezolanos todavía luchan para recuperar su libertad. Pero está totalmente decidido a mantener el control y ha dejado en claro que no aceptará una derrota en las urnas. Este es su presidente "electo democráticamente", senador Dodd.

lunes, 17 de noviembre de 2008

El precio de la independencia


Por Alberto Benegas Lynch- tomado de http://independent.typepad.com/



Cuanta razón tenía Thomas Jefferson cuando afirmó que, sin titubear, ante la disyuntiva entre no contar con una prensa libre y tener gobierno frente a no contar con gobierno pero tener prensa libre, prefería esto último. El cuarto poder libre de toda amenaza y atadura resulta esencial, no solo para contrastar informaciones en competencia sino, especialmente, para mantener en brete al poder político. De esto depende en gran medida el respeto a los derechos de las personas.
Las críticas al aparato estatal constituyen un arma crucial para contener las tentaciones del abuso de poder porque como reza el conocido dictum del gran liberal decimonónico Lord Acton: “el poder tiene a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente”.

En un plano más general y referido al sur del continente americano, Octavio Paz, en El ogro filantrópico, escribe que “Si los intelectuales latinoamericanos desean realmente contribuir a la transformación política y social de nuestros pueblos, deberían ejercer la crítica”.

En verdad resulta un espectáculo grotesco la fantochada de mercenarios que la juegan de periodistas que no son más que megáfonos al servicio del príncipe. Por el contrario, nunca será suficiente el reconocimiento a periodistas propiamente dichos que expresan su independencia, su honestidad intelectual y su coraje a rajatabla sin miramientos ni concesiones de ninguna naturaleza para con el Leviatán ni para quienes, bajo distintos disfraces y ocultamientos, resultan ser sus intermediarios.

En estas líneas quiero recordar un caso paradigmático de un conocido periodista argentino a quien el gobierno de Néstor Kirchner le arrancó un programa radial por no endosar su estilo autoritario. Me refiero a Pepe Eliaschev quien desde hacía décadas transmitía programas radiales en diversos medios que llegaban a vastas audiencias y que eran apreciados por sus célebres y medulosos editoriales.
Afortunadamente las reacciones frente a tamaño desmán se hicieron sentir desde las más variadas latitudes y en muy diferentes foros, pero el hecho es que el señor Eliaschev está aún sin programa radial a pesar del tiempo transcurrido. En estos días estuve consultando uno de sus libros titulado Lista negra, obra que constituye una mezcla de autobiografía intelectual y reseña de del manotazo de marras. Es una suerte de nítida radiografía de la persona que se corrobora con lo que dicen de él quienes vale la pena escuchar: con sus errores y aciertos es un hombre íntegro, lo cual, a mi juicio, es lo mejor que puede decirse de una persona. Solo así el espejo permite mirar de frente la decencia y la hombría de bien.

Resulta sobrecogedora su descripción de la noche en que fue informado por la autoridad de la radio en cuestión que, “cumpliendo órdenes”, el programa sería sacado del aire y, consecuentemente, no aparecería más en la grilla de la emisora. El relato produce en el lector una sensación de estupor, de impunidad, de indefensión, de indignación y de vejación que por momentos dificulta la respiración.

A pesar de que el autor proviene de una tradición de pensamiento distinta de quien esto escribe, en las páginas de la referida obra se refleja una higiénica y muy categórica desconfianza a los aparatos de fuerza. Por ejemplo, escribe de modo contundente que “El poder, todos los poderes, tienen, con más o menos matices, con mayor o menor intensidad, un natural recelo hacia la independencia, hacia la libertad, hacia la autonomía”. Punto de partida interesante en verdad para seguir escudriñando y explorando las avenidas de la evolución social.

En este contexto es pertinente señalar que para asegurar dosis mayores de anticuerpos frente a los avances del poder, las ondas electromagnéticas deberían asignarse en propiedad y así evitar a toda costa la trasnochada figura de la concesión estatal, lo cual indica a los gritos que el dueño de las emisoras es el monopolio de la fuerza que, de acuerdo a las estipulaciones contractuales, puede legalmente decidir la no renovación y la asignación a otro postulante. En cambo, si se procede a la asignación de derechos de propiedad, se dificulta el zarpazo estatal ya que los funcionarios se verían obligados a expropiar lo cual demanda otros procedimientos, al tiempo que queda más en carne viva el atropello.

Del mismo modo, deberían eliminarse todas las agencias estatales de publicidad que sirven para manipular las pautas según la línea editorial de los diversos medios. No es un argumento de peso sostener que en otros lares se hace lo mismo. Cuando íbamos al colegio -en Introducción a la Lógica- nos enseñaron la falacia ad populum: si todos lo hacen está bien, si nadie lo hace está mal.

En este mismo recorrido argumental, para fortalecer la libertad de la prensa escrita es un camino fértil la liquidación accionaria de la parte gubernamental en las empresas de papel y, asimismo, debe subrayarse que constituyen una seria amenaza cargos públicos como los de las secretarias de medios y dislates como las figuras del desacato y el derecho de réplica. En este último caso, autorizar que terceros puedan utilizar a su antojo el medio del prójimo para desmentir informaciones sin orden judicial previa, es tan descabellado como obligar a que el autor de un libro o el director de una obra teatral con las que ciertas personas se sienten agraviadas publique otro libro o presente otra representación con libretos distintos. Todo lo cual no excluye la posibilidad de que en el fallo judicial se obligue al medio a la rectificarse.

La libertad de prensa y la independencia periodística deben preservarse como valores fundamentales puesto que constituyen el oxígeno vital de una sociedad abierta. En climas en los que predomina la prepotencia como el caso que le tocó vivir a Pepe Eliaschev en la Argentina, la expulsión por los mandones de turno constituye el desagradable precio de la independencia.

jueves, 6 de noviembre de 2008

LA TRAGICOMEDIA LATINOAMERICANA

por Hana Fischer - Tomado de www.ieep.org.ec
-05 de noviembre de 2008



Hoy, los mandatarios alegan que buscan “salvaguardar” a los futuros jubilados de la “crisis internacional”. Causa gracia tal aseveración porque lo que está afectando tan gravemente a los fondos de pensiones es el derrumbe del valor de los títulos públicos.

Honoré de Balzac consideraba que la vida era una comedia. Analizando la historia latinoamericana, podríamos decir que es más acertado definirla como una tragedia. Sin embargo, al observar a nuestros gobernantes nos inclinamos a coincidir con Balzac, aunque no deja de ser trágico que ellos asuman actitudes de bufón, cuando tienen el poder para destruir la vida y la propiedad de sus compatriotas.

Uno de los ejemplos más patéticos acaba de ocurrir en Argentina, donde el gobierno decidió estatizar los fondos privados de jubilación. La mandataria, Cristina Fernández de Kirchner, declaró que el objeto de la medida es “proteger a los trabajadores y jubilados”.

En Uruguay, desde que asumió el cargo en el 2005, el presidente del estatal Banco de Previsión Social insiste en "revisar la seguridad social". Nunca ha disimulado su aversión por las administradoras de fondos de pensión y su deseo de eliminarlas, para recobrar el monopolio que ese banco tenía en el pasado. Quiere regresar al sistema que define como “inspirado… por principios de universalidad, redistribución, solidaridad, participación, protección, financiamiento progresivo, aportación tripartita y un sistema cuyo fin esencial no puede ser el lucro”.

Frente a tales declaraciones, uno no sabe si soltar la carcajada o ponerse a llorar. Veamos porqué. A mediados del siglo XIX, con la llegada masiva de inmigrantes, la región rioplatense se transformó en un “hervidero” humano. Eran analfabetos, pero no ignorantes. Ellos sabían que es tan temible la dictadura política como la económica y que para alcanzar una vida digna es fundamental verse libre de la opresión estatal. O sea, libres de impuestos agobiantes y regulaciones que encadenan la iniciativa individual.

Esas personas humildes y trabajadoras se reconocían responsables de sí mismas. Por lo tanto, no dejaban de prever para su vejez. A principios del siglo XX, los obreros uruguayos no sólo eran capaces de levantar su propia vivienda, sino que solían construir otra para alquilar. Así aseguraban su tranquilidad futura y la de su familia.

Luego, los gobernantes resolvieron “proteger” a la gente. Impusieron normas que aumentaron considerablemente la burocracia y, en consecuencia, los impuestos comenzaron a succionar una porción cada vez mayor de los ingresos de la población.

A mediados del siglo XX teníamos un sistema único -estatal y obligatorio- de previsión social, terriblemente ineficiente. Había algunas jubilaciones “privilegiadas”, mientras que la mayoría no tenían relación con los aportes que había hecho el trabajador.

El golpe de gracia lo dieron cuando administradores gubernamentales compraron con esos ahorros bonos de la deuda pública, que terminaron siendo papeles sin valor. Así fue como se despojó a varias generaciones de trabajadores, cuyos ingresos –descontadas las cargas tributarias- ya no alcanzaban para construir ni siquiera su propia casa.

La bancarrota del régimen obligó a buscar alternativas. Por eso, en los años 90 se crearon las administradoras previsionales privadas. Dado los antecedentes, se quiso situarlas fuera del alcance de los políticos, pero estos se las han ingeniado para obligarlas a invertir casi todo su portafolio en títulos públicos nacionales.

Hoy, los mandatarios alegan que buscan “salvaguardar” a los futuros jubilados de la “crisis internacional”. Causa gracia tal aseveración porque lo que está afectando tan gravemente a los fondos de pensiones es el derrumbe del valor de los títulos públicos.

* Analista uruguaya.

FUENTE: Aipenet.com


El cubano libre



Por Sinue Escolarte- Tomado de independent.typepad.com

La Habana, Cuba - No se puede discrepar consiguiendo provecho, con quien no desea empatizar, ni le interesa estar en sintonía, sintiéndose agredido cuando estima que se le ofende una idea implantada, defendiéndola por obligación y fanatismo, sin analizar los motivos que conducen a intercambiar, confrontar y debatir, usando la pasión corazonada, que discute por capricho, comparando cosas parecidas, e inhibe el razonamiento cerebrocido, defensor de la causa y el efecto.


Se hace casi imposible discrepar con el que antepone la arbitrariedad, apartando la lógica e interfiriendo el flujo. Es difícil la confrontación con el que vive apoyándose en ejemplos subjetivos, lejanos, superficiales, impedidores por ignorancia, del litigio franco, que busca la mejor respuesta y reflexión, aunque el oponente esté absolutamente equivocado. Precisamente es eso lo demostrable, que está equivocado. Pero la soberbia violencia de los incapacitados, su injustificada indignación, intenta vestir la discapacidad emocional que padece, como a quien le hieren el honor, cuando le quitan la ropa sin darse cuenta que quien abraza un criterio inoculado e impropio, no está haciendo uso de su libertad.


Probablemente en uno de los países que mas se menciona la palabra libertad, sea en Cuba. La vemos en diferentes carteles, murales, consignas y discursos, dando por sentado un significado que parece hecho, insertado en nuestro repetitivo y rutinario entorno. Llegado el momento e impuesto el enfoque, pensamos que realmente somos libres. Pero, ?lo somos¿. Mas de una vez hemos escuchado la voz de El Hombre Mas Bueno Del Mundo, decir, ¨Cuba, es el país mas democrático libre y soberano que existe¨. Si no se pone bravo, discrepo con él y propongo mis razones. Se pueden ofertar muchas definiciones sobre lo que es un hombre libre, tantas, como apreciaciones se tengan y todas merecen ser respetadas, pero entre ellas, seguramente coincidirán algunos puntos que intentaré recopilar.


Un hombre libre conoce sus derechos naturales y respeta los ajenos tanto como defiende los suyos. Los usa para amar y odiar a su antojo, para hablar, decidir, aceptar, negar, replicar y moverse, también, para conquistar con esfuerzo sus derechos sociales, que pueden ser todos los que estime y desee, no existe un limite de derechos humanos, por que derechos humanos, es libertad. Tiene claro el conocimiento de que el estado se le subordina y no al revés, por eso, no aprueba que concentre su poder. Contrariamente, le exige fragmentarlo para que llegue mejor, bien lejos, desde los altos funcionarios, hasta los simples habitantes, en la obligada y periódica rendición de cuentas. Al hombre libre no le interesa que hace cada cual, ni hacia donde se encamina la sociedad, mientras se cumpla el deber y haya control ante las dificultades objetivas que impone el momento. Va con las normas sociales y las leyes, pero nadie lo transforma ni dirige que no sea el mismo. Asume y desea la propiedad privada, para proteger las libertades individuales facilitadoras del progreso personal. Conoce que la suma de las libertades individuales, conforman la libertad colectiva, siendo, su capacidad e inteligencia social, de la que emerge el capital humano imprescindible para el progreso. Y que la libertad colectiva o inteligencia social, cuando se toma como bandera o como escudo, sirve de justificación al control de la individualidad, estatizándola, empujando su sociedad a la inmovilidad y dependencia, a la obediencia económica y política. Un hombre libre, es un pensador libre, que recibe con aceptación aquello con lo que está en desacuerdo aunque no lo practique, porque reconoce la distancia que propone el pensamiento a cada ser, exponiendo sin inducir y menos imponer, sus criterios y experiencias. Esto, en mi apreciación, es ser un cubano libre.


Muchos de nuestros hermanos, por parte de la patria, han estado y están cumpliendo prisión por mencionar lo contrario a la ideología que impera, por discrepar. Sabemos que no es permitido expresar el pensamiento públicamente, si es opuesto a lo que se desea y menos plasmarlo sin el riesgo de ser detenido, o agredido por una turba estimulada y pagada por el gobierno. No puede el cubano moverse ni hacia afuera, ni dentro de su país y vivir donde lo desee, los decretos y circulares se lo impiden. Tampoco reunirse a reflejar intenciones de cambio o criticar lo que le parezca. Hasta aquí, sus derechos naturales están claramente violentados. Y digo violentados, porque les son arrebatados con violencia Los derechos sociales, son determinados por el régimen, cuando restringe crear organizaciones no gubernamentales, como el colegio medico, de arquitectos, de abogados o cualquier otra especialidad o de otra índole, que sea autónoma. Nada puede ser independiente, ni el pensamiento. Para todo lo que no esté prohibido, se exigirá solicitar permiso o autorización. El cubano ha sido convencido de que el pueblo debe subordinarse al estado, aunque el régimen diga lo contrario y con esto, entregó su libertad, así lo demuestran esas consignas creadas por organizaciones políticas: ¨comandante en jefe ordene¨, o ¨Fidel, dinos que otra cosa tenemos que hacer¨, y la respuesta comprometida, positiva, detrás. También lo ratifican los múltiples regalos que aun hace El Hombre Mas Bueno Del mundo, sin consultar con nadie. Todo lo que pida el estado, se da por sentado, tendrá que cumplirse.


Lo que quiera el pueblo, podrá esperar, mientras un grupo reducido de la tercera edad, del club de los 120 años, mantiene concentrado el poder dominando sobre una extensa mayoría que nunca a elegido a su máxima figura, ni le han rendido cuenta de sus gestiones y como no se admite la propiedad privada, el hombre libre cubano, desconoce una parte importante del derecho a la libertad individual de sus conciudadanos, aceptando la decisión colectiva, manipulada, como forma de obediencia, control y dependencia. Se siente obligado además, con: hacer guardias sin pagos, ir a trabajos voluntarios, cumplir misión internacionalista, defender su patria, formar al hombre nuevo y construir la sociedad socialista. Acaso, ¿es así el cubano, libre?

La gesta de Obama


Por Carlos Malamud Tomado de http://www.cadal.org/


(Infolatam, Madrid, 5 de octubre 2008) Barak Obama se impuso en las elecciones presidenciales norteamericanas de una forma rotunda. Su campaña, en buena medida responsable del triunfo de ayer, fue capaz de inspirar en sus conciudadanos la idea de la posibilidad regeneracionista del voto y de la democracia. Gracias a su intensa, y desconocida, participación en las urnas, los ciudadanos de Estados Unidos podrían desprenderse del mal fario que los perseguía desde hace ocho años atrás, cuando un presidente hijo de otro presidente, amante del baseball, de la siesta y de trabajar sólo por las mañanas llegó a la Casa Blanca.

Más allá de la valoración intrínseca de los candidatos Obama pudo transmitir a sus conciudadanos la idea de que él era la misma encarnación del cambio. El "yes we can", convertido en un himno balsámico y catártico, hizo posible el convencimiento que se había llegado al final de un ciclo, que los fracasos eran demasiados, que el déficit y la deuda estaban llegando a niveles inmanejables, que las guerras de Irak y Afganistán no sólo habían enfangado el prestigio de la única superpotencia militar mundial sino también complicaban la misión del imperio en otros frentes, como el iraní o el venezolano, donde se veían con las manos atadas. Así se llegó el convencimiento de la necesidad del cambio y con él la impresionante movilización popular a la que hemos asistido en los últimos meses.

Las huestes obamitas norteamericanas, las únicas que contaban para la elección (no era el caso de los "fans" europeos), se movieron con técnicas antiguas y modernas. Los ciudadanos llenaban a reventar los mítines en los que se presentaba el líder, pero también se alistaban como voluntarios para llevar la buena nueva del nuevo profeta y para boca a boca y puerta a puerta trasladar a su destino el mensaje de la renovación. Por otro lado, en una forma desconocida hasta ahora, internet fue una herramienta decisiva: para conducir ideas y mensajes, recaudar fondos, movilizar a la gente, comunicar a unos con los otros, etc.

Y así caló el mensaje del cambio histórico. Y así la sociedad norteamericana fue capaz de mostrar una vez más al mundo su gran fortaleza y su gran determinación. Y así se dio una patada al tablero interno e internacional que deberá responder a nuevas cuestiones, hasta ahora totalmente secundarias. No se trata de ver en el horizonte un futuro próximo de grandes transformaciones, que no las habrá ni en el frente financiero ni en el económico y ni siquiera en la forma en que Estados Unidos se relacionará con el mundo a partir del próximo enero. Sin embargo, la imagen del país cambiará sustancialmente, al menos hasta que Obama comience a gobernar y a mostrar que no todas las medidas que tome serán tan populares, como los mensajes proclamados durante la campaña. Tanto dentro como fuera de Estados Unidos las expectativas son demasiadas y el peligro de frustrarlas no debe ser totalmente descartado.

En lo referente a América Latina predominan los interrogantes, siendo el futuro de las relaciones con Cuba, Venezuela y Bolivia cuestiones no menores. Con el "esprit de finesse" que lo caracteriza, Hugo Chávez pedía el fin de semana previo a las elecciones: "Quiero ver al negro". En la noche del martes al miércoles todos los presidentes latinoamericanos felicitaron a su nuevo colega hemisférico, aunque él y Cristina de Kirchner fueron de los más remolones. La posibilidad del diálogo, incluso con los más recalcitrantes está a la vuelta de la esquina y el margen para denunciar complots imperialistas y para expulsar embajadores norteamericanos será bastante menor.

Del 17 al 19 del próximo mes de abril se celebrará en Puerto España, Trinidad y Tobago, la V Cumbre de las Américas, sin duda alguna la primera gran prueba de fuego para Barak Obama en lo que hace a sus relaciones hemisféricas o a sus proyectos para las mismas y para los pueblos, gobiernos y países latinoamericanos. Muy pronto tendrá que ponerse a trabajar y muy pronto habrá de ofrecer algunas respuestas generales previendo lo que pueda ocurrir en la cita caribeña. ¿Acudirán a la reunión Hugo Chávez, Evo Morales, Daniel Ortega o Rafael Correa, o después de lo ocurrido en la Cumbre anterior, en Mar del Plata, decidirán que están satisfechos de ser los respondones de la clase y se llamarán a silencio?

Antes, o poco después de la Cumbre deberá decidir qué se debe hacer con Cuba y con el gobierno de Raúl Castro. Afortunadamente para Obama, y para su capacidad de actuar libremente y sin ataduras de ningún tipo, su triunfo en Florida no fue fundamental para su victoria sobre McCain. De este modo, la deuda con la comunidad cubano americana de Miami será menor que en otras oportunidades. Pero Obama también deberá resolver el bloqueo parlamentario que pende sobre el Tratado de Libre Comercio firmado con Colombia y otras cuestiones no menores.

Uno de los temas de la Cumbre de Trinidad es la seguridad energética. Simultáneamente, los países de Unasur, con Brasil a la cabeza, quieren hacer de la energía uno de los principales motores de la integración regional. En este terreno, como en tantos otros, no basta la demagogia, la retórica vacía y autocomplaciente que suele acompañar a buena parte de los dirigentes regionales, sino que hace falta una mayor planificación y abundantes, numerosas inversiones en el sector a fin de acelerar los procesos de exploración y explotación de nuevos yacimientos. ¿Podrán converger ambos proyectos o, nuevamente, el enfrentamiento entre Estados Unidos y Brasil conducirá a un nuevo bloqueo de las negociaciones? ¿Cuál será la respuesta de Brasil, y del presidente Lula, frente a esta nueva coyuntura, especialmente en el caso de que Obama quiera recuperar el liderazgo regional, lo que afectaría las posibilidades de liderazgo del próximo presidente norteamericano.


La relación con América Latina dependerá mucho de lo que haga, o de lo que deje de hacer, Obama. Pero también de las reacciones de los vecinos. La situación es complicada, especialmente por el grado de autonomía adquirido en los últimos tiempos y también por la dejadez norteamericana de la agenda hemisférica. A todo esto se suma una crisis financiera que ha comenzado a golpear, de diversos modos, pero con intensidad, a la mayoría de las economías regionales. La recuperación del diálogo hemisférico y la búsqueda del multilateralismo pueden ser los mejores caminos para poner en pié una relación vital para ambas partes.

Fuente:
Infolatam

miércoles, 5 de noviembre de 2008

Liberalismo del siglo XXI

Ramón Barreiro tomado de http://www.relial.org/



Lo importante, y preocupante, es que el socialismo que proponen es real y pretende ser permanente. Ahora sabemos que los nuevos populistas son realmente nuevos socialistas, o neosocialistas



Los liberales no somos dados a describir utopías. Ni siquiera durante la Ilustración, escritores preliberales propusieron sociedades nuevas; sí creían en la idea de que el ser humano podía valerse de la razón para gobernarse así mismo y al mundo; sin embargo, nunca propusieron rupturas definitivas con el viejo orden.

El liberal siempre se ha contentado con proponer la inclusión de ciertos valores en la política, todos ellos referidos a la libertad individual y la tolerancia. La libertad y la tolerancia no requieren de utopías para ser realizadas, pues son instituciones que se generan espontáneamente en la sociedad civil; su desarrollo varía de sociedad en sociedad, pudiendo potenciarse o restringirse por el sistema político. Así que esos escritores preliberales de la Ilustración, por mucho que creyesen en la razón como instrumento de la creación humana, también reconocían que existía un orden espontáneo ajeno al ser humano, un orden natural con sus propias leyes.
La convivencia humana genera espontáneamente la política y sus valores, y conocer la importancia que ciertos valores implican para el desarrollo individual y social ha sido siempre el objetivo de la teoría política liberal. La política liberal como ejercicio es ante todo prudencia.


El pasado seminario de la Fundación Libertad y la Red Liberal de América Latina (RELIAL), “El nuevo populismo totalitario. Consecuencia o causa del deterioro democrático continental”, nos ha mostrado cómo los nuevos populismos han dado un giro preocupante en Latinoamérica; cierto es que sus pretensiones eran bastantes claras desde el principio, pero se desestimaron al considerarlas parte de un discurso populista revanchista, sin oportunidades ni voluntades para experimentar con el orden institucional. Esta primera lectura estuvo tristemente equivocada. Los populismos de Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua arengaban el fin de las institucionalidades previas de sus respectivos países, porque en estos países la institucionalidad de verdad colapsaba, y ellos se convirtieron en consecuencia y prueba definitiva de esos colapsos; ahora se sienten validados para hacer borrón y cuenta nueva, para construir de la nada, casi irreflexivamente, pero siempre con la idea clara de instrumentalizar el poder estatal.
Tras varias reformas constitucionales, se nos presenta un nuevo socialismo latinoamericano, el socialismo del siglo XXI, llamado a ser el norte socialista del resto del mundo; ¿es en verdad nuevo? Lo importante, y preocupante, es que el socialismo que proponen es real y pretende ser permanente. Ahora sabemos que los nuevos populistas son realmente nuevos socialistas, o neosocialistas.


¿Qué hacemos entonces los liberales? ¿Abandonamos la política-prudencia, nos radicalizamos y aceptamos la confrontación abierta de valores? ¿Empezamos a proponer utopías? Seguir cualquiera de estas vías representa abandonar el liberalismo. El gobierno de las instituciones -entiéndase de las leyes- sigue siendo nuestro norte, y en consecuencia debemos seguir siendo liberales, debemos defender la institucionalidad, la familia, el mercado, la libertad, la tolerancia, la propiedad, la igualdad ante la ley y tantas otras instituciones que potencian la autonomía de las personas. No toda América Latina se ha rendido ante el socialismo del siglo XXI; aun los mismos países de los neosocialistas mantienen organizaciones políticas que defienden la libertad. No ha triunfado aún el totalitarismo.

Los liberales ya no podemos seguir en el letargo político, tenemos que organizar nuestro esfuerzo y consolidar un discurso, un liberalismo del siglo XXI, que promueva los valores de la sociedad civil, los valores de la libertad.

El papel de Estados Unidos en el mundo


por Rafael Micheletti tomado de www.libertad.org.ar

Se habla mucho acerca del liderazgo estadounidense, tanto a favor como en contra del mismo, aceptándolo como una realidad inevitable o como una tragedia contra la cual hay que luchar por todos los medios. Ahora bien, ¿cuál es el verdadero papel histórico y político de los Estados Unidos, si es que tienen alguno?

Primero en principal, debemos analizar a los Estados Unidos como democracia, con todo lo que ello significa. Los Estados Unidos son una democracia y una muy avanzada y consolidada. Sus instituciones gozan de un gran prestigio, su justicia de una reconocida independencia, su descentralización y democracia directa a nivel local han demostrado una eficiencia maravillosa, y su pueblo, más allá de los altibajos históricos, posee una cultura democrática ancestral, que le viene desde los primeros colonos puritanos, que ya aplicaban la democracia a las instituciones religiosas y a partir de allí a todas las esferas de la vida.

Como democracia con todas las letras que es, en los Estados Unidos tienden a prevalecer el sentido común, las buenas intenciones y los intereses legítimos del ser humano medio. Y además, toda su cultura se basa en la creencia de que la humanidad tiene un futuro conjunto, que los intereses legítimos de las personas son compatibles y que no hay mayor interés del individuo que el desarrollo espiritual y material de las personas que lo rodean.

Todo esto, sumado a la creciente interdependencia que impone la última revolución de las comunicaciones, que es el factor más importante y que incide sobre todas las democracias del mundo por igual, hace que el pueblo estadounidense , y los pueblos democráticos del mundo en general, estén cada vez más comprometidos con la democracia y el desarrollo en el mundo.

Se entiende cada vez más en el mundo que la humanidad tiene un futuro conjunto y que el éxito de un país ayuda al éxito de los demás. De hecho, los estadounidenses han podido comprobar esto claramente en lo que han hecho con países como Japón, Corea del Sur o los propios europeos, todos los cuales estuvieron a su merced, en condiciones de ser dominados y sojuzgados, pero que, al contrario, recibieron su apoyo económico y su consejo político para pasar a convertirse en verdaderas potencias.

Sin embargo, los Estados Unidos empiezan a sentir y sufrir las consecuencias de la tremenda responsabilidad que han sabido colocar sobre sus espaldas. El gasto militar consume una cuota cada vez mayor de las riquezas que producen, y el mayor número de sociedades en desarrollo hace que muchas inversiones se vayan al exterior, todo lo cual lo coloca en peores condiciones para evitar y soportar crisis económicas, al tiempo que su deuda no deja de aumentar.

La cuestión es saber hasta cuándo va a poder durar este papel internacional que los Estados Unidos han asumido y cuál puede y debe ser el resultado de su accionar, es decir, a quién o a quiénes deberán pasarle la antorcha de la democracia cuando ya no puedan dar a basto.

Sobre este punto, creo que su cada vez menor incidencia económica sobre el producto mundial constituye de por sí un límite que, si bien por ahora no se encuentra cerca, debe ser contemplado para calibrar su propio comportamiento y de esa forma liderar al mundo hacia una transición estable y lo más pacífica que sea posible hacia la democracia mundial.

La herramienta fundamental a este respecto es y será sin dudas la OTAN, ya que esa organización le exige fuertes estándares democráticos a las naciones que quieran ser parte. Una gradual pero constante democratización de la OTAN, tanto en poder decisorio como en responsabilidades y deberes, potenciaría el multilateralismo y podría significar la oportunidad que el mundo está buscando para poder constituir finalmente un gobierno mundial de carácter ultra-descentralizado y democrático.

El Mercosur no existe


por Alberto Benegas Lynch (h) Tomado de www.elcato.org


Alberto Benegas Lynch (h) es académico asociado del Cato Institute y Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Argentina.
Hace casi veinte años se firmó el Tratado de Asunción por el que parió el Mercado Común del Sur, más conocido como Mercosur. En el primer párrafo de dicho compromiso se lee que “Este mercado común implica la libre circulación de bienes, servicios y factores productivos entre los países [...], la eliminación de derechos aduaneros y restricciones no arancelarias a la circulación de mercaderías y de cualquier otra medida equivalente”.

Nada de lo dicho se cumplió en lo más mínimo. Solo se acató aquello que se refería al establecimiento de la burocracia correspondiente y los sueldos, honorarios y viáticos consiguientes bajo ampulosos títulos como el Consejo del Mercado Común para decisiones y el Grupo del Mercado Común para las resoluciones con la caterva de empleados que suelen rodear a las organizaciones internacionales, siempre a cargo de los contribuyentes.
Seis capítulos, cuatro anexos y mucha palabrería conforman el tratado de marras. ¿Para que tanta alharaca? Para seguir con fronteras cerradas, la exigencia de documentaciones y papelería junto con un ejército de funcionarios que requisan, revisan y cuestionan todo lo que pasa por las regimentadas aduanas formulando siempre la pregunta idiota de si lo que se transporta son “efectos personales”.

Es que desafortunadamente la mentalidad que prevalece es autárquica y de culturas alambradas, por tanto no puede escapar de tanto marasmo intelectual. Después de casi tres siglos en el que se mostraron las ventajas del librecambio para las poblaciones, aún se piensa que constituye una política inteligente el forzar a que la gente compre más caro y de peor calidad “para favorecerla”.

Todavía se insisten en burdos pretextos como que hay que armonizar las medidas internas de los países miembros, eliminar asimetrías y combatir el dumping sin percibir que, precisamente, el comercio libre hace de auditoria y de incentivos para mejorar las políticas internas, que las asimetrías son la razón misma de las transacciones y que el mercado recurre a sus propios anticuerpos para comprar aquello que se vende bajo el costo para hacer un arbitraje vendiendo al precio de mercado.

Con motivo de la visita de la Presidenta argentina a Brasil este mes de septiembre, el gobernador del estado de San Pablo declaró al periódico O Estado de Sao Paulo que “El Mercosur es un fracaso”, lo cual enojó a la mandataria. Pero es lo menos que se puede decir para utilizar un lenguaje educado. Y, antes, el Canciller brasilero y el Presidente uruguayo se habían quejado amargamente, en Tucumán, la reunión “cumbre” del Mercosur (los burócratas se dejan ubicar en las alturas porque suelen perder de vista que son meros empleados de la gente), de las tremendas cargas fiscales que el gobierno argentino impone a las exportaciones de su país, lo cual viola por enésima vez el pacto que venimos comentando.

Sugiero que se den de baja todos los funcionarios del Mercosur, se reduzcan los impuestos por la diferencia y no se declame más sobre la libertad de comerciar hasta tanto no se haya entendido en que consiste esa bendición.